viernes, 7 de octubre de 2016

Segundo relato: "La Búsqueda de la Anhelada Luz"

LA BÚSQUEDA DE LA ANHELADA LUZ

En busca de una luz, algo que ilumine su oscuro sendero, intenta una mínima esperanza él encontrar. Al menos una mano que poder tocar y una gota de fe lograr tomar. Él quiere encontrar a dios, solamente busca un hogar, solo desea llegar a la estación de la forzada y artificial felicidad, para reencontrarse con sus esperanzas. Él solo odia, pero él no es quien crea ese odio, solo se encarga de transmitirlo, es una pobre alma presa de ese sentimiento. Ambiciona ser oído, ansía violar e interrumpir el silencio, retumbar más allá de la oscuridad, asesinar la soledad y desbastar el dolor que cubre su pútrida alma. Necesita de alguien que lo volteé a ver, más que querer que los demás lo sientan, anhela poder a alguien sentir. Piensa que es horrible, a pesar de nadie haberle hablado sobre él mismo, en ningún recuerdo suyo alguien estuvo junto a él. Ni un solo amigo ha llegado a tener, ansiaba conocer voces humanas, y callar esos demonios que tenía por conciencia, que le repetían lo horrible que era. Nunca ha percibido el tacto de persona alguna, ni siquiera él mismo soporta tocarse, pues se ve a sí mismo como una desagradable fealdad inhumana abortada por la desgracia. Quiere encender las velas, pero éstas cada vez más derretidas están, y el delgado humo que quedaba se desvaneció entre el aire junto con su cordura; y a un túnel de descontrol y depresión fue a dar. Solo la desolación y la soledad lo acompañan en su cárcel, en la que él mismo se encerró. Cualquiera puede liberarlo, pero nadie se atreve a introducir la llave. No puede hacer más que arrodillarse y sentir cómo con sus manos en la cara un océano empieza a recorrer su rostro; ya no puede distinguir entre el día y la noche, amanecer y anochecer es lo mismo para él, pues la alegría es algo desconocido que por allí no se ve; únicamente un destello quisiese encontrar. Tiempo después, luego de duraderos lapsos de existencia desventurada y ausente de suerte, con esto finalmente se logra encontrar, sus lamentos llegan a su fin y una mano de compasión consigue tocar, en un silencio eterno con aquella luz llega a dar. El último brillo que pudiese contemplar, aquella mano no era más que la de su propio cuerpo que tocaba su cuello mientras éste se encontraba colgando de un nudo bien ajustado. Nadie jamás lo quiso ayudar, así que solo intentó comprender lo que era poder descansar. Después de tantos aspavientos de tristeza y sufrimiento, mientras su garganta acariciaba aquella soga, que sería lo más cercano a una persona que pudo llegar a estar durante toda su aflicción, con la tan anhelada luz logra dar.  

Fin.

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