Después de un apagón de
iluminación en todo su entorno, los ojos abrió, con la finalidad de, entre la
extensa nada despertar, para así una gigantesca puerta surgir, y una retumbante
voz se manifestó:
-Bienvenido, pasad por aquí,
habéis de encontrarte en la entrada hacia el punto donde todo es paz y
felicidad, lleno de satisfacción y plenitud. Donde nunca hay oscuridad, y la
luz es quien ha de reinar. Aquel sitio del que la humanidad mucho ha hablado y
siempre ha querido imponer un pensamiento, como si éste fuese cierto, sin nunca
antes conocerlo, siendo solo una conjetura formada por el analfabetismo. Mucho
han de pensar sobre ello, mas su ignorancia no logran ocultar, solo la pueden
disfrazar. Lo cierto es, que ninguno de ustedes puede comprobar y contar cómo
es; para hacerlo antes deben llegar hasta aquí, sin poder salir. Quizás lo
mejor es simplemente guardarse todas vuestras teorías llenas de subjetividad, que,
al final, no son más que una ilusión en vano por desear una reconstrucción
mental de este desconocido y singular lugar. Pensando todos, siempre, en cuán
bello o aterrador ha de ser; para otros podrá ser desventurado y execrable. Todos
han pensado en él, sabiendo que nunca lo lograrán comprender, sino hasta por sí
mismos en lo que llaman “el más allá” poderlo observar. Un ser imperfecto jamás
podría imaginar algo perfecto, y aquí la perfección es favorable para cualquiera,
sin exclusión o rechazo alguno. El tiempo aquí pierde sentido, el ayer ya pasó,
el futuro es solo una ilusión, mientras que del presente nunca nos percatamos a
tiempo de su presencia. Nada de eso debe preocuparte, no hay espacio para la
discriminación o el juzgar, pues tu color, religión o edad es solo una
calificación impuesta por la sociedad. Solo en lo bueno nos hemos de fijar,
nadie te podrá juzgar, ya que eso en el olvido ha de quedar. Donde la vida se
nos pasa por nuestros ojos y nos da igual, porque ya nada importa más que lo
surreal y la satisfacción hallada en la placentera tranquilidad. Ustedes, los
seres humanos, en su totalidad, son bienvenidos, sin importar si hiciste bien o
mal; a pesar de la relatividad del mal de los demás entre toda la humanidad. El
transcurso de los conocimientos humanos finalizó, ahora la verdad has de
conocer, para así el pacto con la realidad romper, y a otro lugar tan diferente
a todo lo conocido, llegar a cruzar.
Dicho eso, una enorme puerta
celeste y bien construida, tan bella como un ángel, se abrió y el rostro del
descanso se le mostró. Finalmente se encontró con la alegría y libertad eterna.
Éste era el salón de la satisfacción eterna, a donde todos queremos llegar, y
curiosidad muchos tendrán, aunque, la mayoría, por momentos la piel se les ha
de sacudir, cada vez que piensan en él.
Cruzó por fin la puerta que lo
alejó de la existencia, su ciclo en el mundo había finalizado, el salón de la
inexistencia humana y de la indeleble alegría, a él ya lo habría de albergar. En
otro mundo finalmente reposaba.
Sus ojos humanos cerró, pero tal
vez, de alguna u otra forma en un sector
diferente los abrió, o ¿quizás permanecieron cerrados? ¿O ninguna de las dos?
Es un dilema, como la vida misma, entre el bien y la maldad, acompañada del
gozo y la inconformidad.
Aunque aquí ya nada relativo a la vida y la
humanidad poseían importancia. Lamentablemente, hasta no llegar a la perfección
o la muerte, no podremos darnos cuenta de tal final, y no creo que la primera
opción se llegue a cumplir. Por ende, nuestra mente humana, mientras apegada a
la realidad esté y encarcelada entre las leyes humanas, no logrará saberlo. Hasta
entonces, no existirá manera de saber, qué nos deparará cuando llegue nuestra
oportunidad de cruzar la enorme, excepcional, e ignota puerta.
FIN.
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Thomas Vizcaíno, era la clara
definición de un narcisista: ególatra a más no poder, poseía un ego a granel. No
paraba de repetir cuantas veces pudiese, “lo hermoso que era”; ya fuese en voz
alta, para que lo oyesen y se percatasen
de su presencia, y de su “extraordinaria belleza” –como acostumbraba a
referirse sobre su apariencia–; o en la tranquilidad de sus pensamientos,
intentando convencer a su cerebro de ello. Era ambicioso, en el sentido malo de
la palabra. Pues, pensando que la belleza en las personas es algo natural, y su
concepto es subjetivo; él tenía un pensamiento contrario a ello. Estaba seguro que
se podría llegar a un nivel de magnificencia, que hasta los más arrogantes y
orgullosos podrían sentirse deslumbrados por tal hermosa figura, esculpida por
la perfección. Thomas se consideraba a sí mismo, aquel humano más cercano a
ese escalón que conducía hacia la excelencia absoluta. Pero, a la vez estaba en
el dilema en que creía que todavía no era lo suficientemente hermoso, ya que
ante los ojos de la perfección, no era más que un pútrido, horrible y
desagradable rostro más, entre la insignificante humanidad, –pensaba él–,
puesto que cada vez quería más. “Belleza” era una palabra que, en su cerebro,
aún no lograba culminar su concepción, no hasta llegar a ser el reflejo
completo e inigualable de belleza objetiva e innegable.
Tenía numerosos espejos en todo
su hogar. El espejo más grande de todos, estaba cerca del baño, era enorme y
mucho más alto que el mismo Thomas.
Un día al despertar, Thomas fue
hacia el baño; interrumpiendo su transcurso por culpa del gigantesco espejo. Se
detuvo por cierto tiempo a contemplar su figura: sus azules y notables ojos, con
pestañas largas y abundantes; un tabique cerrado y no tan amplio, haciendo que
sus tupidas cejas pudiesen ser más destacables ante la vista; su frente bien
pulida, sin cicatriz o imperfección facial alguna que se pudiese señalar. Más
arriba, en la cima de su cabeza, se hallaba uno de sus rasgos más notables, su dispendioso
cuero cabelludo, color rubio y sedoso, que se extendía hasta la altura de sus
hombros. Y, lo que, según Thomas, eran unos dientes tan brillantes que segaban
al mismo sol, en el más caluroso de los veranos. Un joven con una empedernida petulancia,
tan alta como su soberbia ante “la fealdad”.
Al ver su reflejo en el espejo,
no pudo evitar gritar, alborotado, perturbado por el horror que se encontraba
delante de él. Era horrible y perturbador, una asquerosidad abortada por la
fealdad; un engendro incomprensible, ajeno a todo lo imaginable. Si ese habría
de ser su reflejo, entonces Thomas sería el horror más desagradable y espantoso
de este mundo; aquello causaba asco, miedo, pena, o cualquier otra sensación de
rechazo. Era difícil creer que esto fuera una pesadilla, puesto que, aquello
que veía, era una clase de monstruo inimaginable por cualquier mente humana. No
hay lienzo imaginativo u onírico que trace las características que daban forma
a esa horrida putrefacción visual. Toda su belleza se había desintegrado a los
más apocalípticos niveles de la deformidad, cayendo en un hueco, junto con todo
su ego, al presenciar cuan desagradable reflejo, que no soportaba ni siquiera
ver o pensar.
Su cabello ya no estaba, y aquellas
tupidas cejas, se habían transformad en vastas cicatrices sobre su piel. Piel
que ahora estaba pálida y pútrida, en un estado más mórbido que el de la
descomposición; la mayoría de sus dientes se habían caído y unos pocos eran los
que quedaban, putrefactos y amarillentos, con poca dureza; al abrir la boca,
vio en el cristal, como, de su boca salía un líquido lleno de pus. Sentía un férreo
y purulento ardor, recorriéndole toda su mandíbula. Su boca, reseca y
cicatrizada, no soportaba ni verla. Por raro que pareciese, lograba ver con
esos “ojos” que ahora eran negros por completo, semejantes a profundas cuencas
vacías. Los labios su color habitual habían perdido y estos ya se encontraban
decaídos, quedando limitados a desgastados restos de lo que alguna vez ornó su
boca; en su parte interior tenían un aspecto raro de quemaduras y sulfatados,
que le provocaba una vigorosa irritación. Los pocos dientes que le quedaban,
habían perdido su llamativa tonalidad y estaban llenos de caries e
imperfecciones, pareciendo embrolladas y deformes cordilleras, repugnantes, sin
limpieza u orden alguno, reflejando una enorme anormalidad; representativos de
la vergüenza y fealdad a gran escala. Su mandíbula inferior estaba próxima a
caerse, y ni hablar de sus asquerosísimas extremidades, como de anciano,
acabado por la cruel vejes. Su cuerpo había ganado mayor grasa, aumentando su
masa en gran cantidad. Ya no poseía aquel atractivo, ni sus excepcionales
pestañas, las cuales se habían evaporado.
Corrompido por la desgracia y la
infortuna fealdad, ahora estaba vacío y extinto de todo concepto humano sobre
la belleza. Ante los ojos y la definición de hermosura, impuesta por la humanidad,
excluido estaría ahora. No soportaba estar así; ésta debería ser una de las
peores pesadillas que pudiese tener, pero ¿por qué no despertaba? Quería que el
reflejo cambiase; evidentemente, ese momento era algo más que una mera
pesadilla.
Se lamentaba y golpeaba el espejo
con fuerza e ira; mas éste, ante los estruendos ni se inmutaba. Repetía,
alterado y en pena: “devuélveme mi belleza, éste no soy yo, quitad esta
monstruosidad de mi vista y muéstrame la verdad”.
Después de varios golpes y gritos,
un temblor se manifestó, su ambiente negro se quedó y una voz le habló:
-Ésta es la realidad, habéis cruzado
más allá del mundo de las ideas; contempla las imágenes que a pocos humanos se
les concede ver.
La voz pertenecía a alguien muy
alto, vestido por una túnica negra; con cuatro líneas rojas verticales, entre
tres y seis centímetros de grosor; situadas en la zona frontal de la vestimenta;
dos a la derecha, y las otras dos al lado izquierdo, formando rectángulos mediante
dos líneas rectas como bordes; entre las dos líneas (o el interior del
rectángulo), habían múltiples rostros dibujados. Cada uno expresaba
sentimientos distintos, habían rostros asustados, felices, tristes, confusos…,
otros expresaban locura, frustración, dualidad, y diversos rostros más, caracterizados
por diferentes rasgos. Por alguna razón enigmática, la cara de aquel extraño
personaje no podía verse, como si una especie de humo, del mismo color del
entorno del lugar, le cubriese todas las zonas superiores a sus hombros.
El narciso de Vizcaíno –quien ya
no tenía atributos que presumir para merecer tal adjetivo–, confundido e
irritado, gritaba implorándole a quien estaba delante suyo, que le devolviese
su original rostro y lo sacase de aquella enorme mentira. Le preguntó en qué
clase de sitio estaban, y porqué fue a dar allí, si era solo una ilusión de su subconsciente,
jugando con él, manipulándolo en algún delirio o algo irreal, en aquel infierno
onírico donde suponía que estaba; o si el suceso era cierto.
-¿Qué demonios es este tétrico
lugar?, ¿qué me hiciste, maldito inepto?
¡Responde, estoy seguro de que tienes todas las respuestas a mis preguntas!
-Si por belleza, te refieres a
aquel rostro superficial ante los ojos de la humanidad, entonces déjame decirte
que estás equivocado; aquello que pudiste ver es la realidad, como todo tu ser.
Lo que fue de ti tiempo atrás, es solo un disfraz
físico perceptible por los ignorantes hombres. Y lo que ahora, según los
caprichos de los humanos, es “feo”, es tu realidad. La verdad, es que tu ser es pútrido y
horrendo, lleno de maldad y pútrida fealdad amarga. En este mundo, el cual es
posible su comunicación gracias al espejo, es donde realmente puedes observar
tu rostro original. Te criaste en una vasta mentira; buscaste refugio entre la
ignorancia, solo porque ahí te sentías mejor. Después de todo, para la
humanidad es más fácil aceptar la falsedad que cubre la horrífica verdad, en
lugar de abrir los ojos a la realidad. Aunque, lástima que, por culpa de su
racionalidad humana, no puedan ir más allá del arraigado mundo en el que viven,
que lo consideran surreal; no sin la
participación de seres por encima de ustedes.
»Eres feo y horrendo, un simple
ninfo poseedor de una supuesta belleza, la cual es artificial. Ahora conoces tu
verdadero aspecto.
»Al salir, todo a tu alrededor
será diferente, se te abrirán los ojos y podrás ver la realidad del mundo y de
las personas, como en realidad han de ser, y se te quitará aquel maquillaje del
mundo que toda tu vida percibiste.
Un enorme golpe en toda su cara
recibió, para después al mundo humano regresar.
Su visión ante la atmosfera de la
sociedad era distinta. Había quebrado todos los espejos de su casa. No soportaba
acercarse ni al agua, ya no quería observar su reflejo; todo lo contrario, cada
vez que lo veía recordaba el peso de la verdad, junto a aquella peste que tenía
como reflector. El hombre que un día presumía y no paraba de admirarse frente a
su espejo y ante la sociedad, ahora vivía encerrado, con miedo y odio hacia sí mismo.
Era alguien demasiado inseguro, atormentado por el precio del saber, (saber que no deseaba conocer); paranoico de
todo lo que le rodeaba en su cotidianidad. El mundo se había vuelto muy diferente,
veía a las personas –las cuales no lo parecían– como horrendas figuras
antropomórficas y espantosas. Al abrir sus ojos pudo contemplar al ser humano como
en verdad es: una criatura horrenda que esparcía caos a su paso, provocando su
propio fin, decayendo cada día más. Encerrados en una ilusión que les oculta la
horrenda percepción de su mundo, sin conseguir ver aquella fealdad que los
deteriora, siendo ésta la realidad que
no logran guardar o presenciar.
Su racionalidad y cordura murió,
ahogada entre las aguas de la megalómana maldad humana.
FIN.
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La lluvia celeste cae a granel; como la lluvia
proveniente de los ojos del pobre William, desahuciado de cualquier esperanza y
reconformación; debido a que, al igual que su felicidad, su esposa muerta
estaba. Mery Betancur, siempre había sido aquella que a su lado en todo momento
permaneció, jamás lo abandonó, en circunstancias buenas o malas cerca de él se
quedó; pero ya no la podría volverla a ver.
Era la mujer perfecta, tanto en este mundo como en
cualquier otra perspectiva que se tuviera -según el joven William-. Ojos cafés,
cabello lacio que recorría hasta su columna, tan largo y hermoso como su
cuerpo. Y un empedernido afecto hacía todo, no demostraba ningún sentimiento
negativo a los demás. A la tristeza y oscura frustración era capaz de darle
tonos de color, haciendo así de la vida de los demás una experiencia mejor.
Dicha felicidad, era la misma con la que había conquistado al joven William,
pues fue ella quien le enseñó el mundo desde otra perspectiva; elevándole desde
los bajones de sufrimiento y angustia.
Aquello fue lo más inquietante de su inusitado e
inexplicable decaimiento. Antes de llegar a la estación de la muerte,
alejándose de nuestra realidad, estaba atravesando momentos de constantes
vaivenes, cambios de actitud y de personalidad. Volviéndola una persona
pesimista, claustrofóbica y agresiva, hasta tal punto que los expertos la
habían catalogado como una loca, llegando a la pérdida de cordura y aquella
bienaventuranza que irradiaba a su alrededor se esfumó, junto con su vida; un
día no pudo más con su vivir y se suicidó. Lo más curioso, era que Mery cuando
se dormía, repetía demasiado al despertar frases como: “Lo presencié”, “he
conocido el caos y la maldad reflejada en una sola ocasión”, “es real y pronto
conmigo acabará”, “no hay forma de escapar al horror de Daevus”.
No le quedó más camino a William que la resignación,
de que la persona quien una vez lo impulsó, ya estaba en algún lugar a gran
lejanía de él. En cualquier otro lugar que él no lograría tocar, pero cierto
día quizás llegaría. Mientras transcurría el inevitable tiempo, su actitud
frente a la vida y positividad fue involucionando, volviendo a aquellos días
tan negros donde nada lograba alcanzar, pues ya no había nada que a él lo
hiciera reaccionar. Al proseguir los años y su edad, cayó en una profunda
depresión, en donde lo único que lo impulsaba, era saber que al dormir iniciaba
un nuevo día, estando aún más cerca al final de aquel aflictivo y abrumador
momento singular, al que llamamos “vida”.
Capitulo 2
Bienaventurados todos los hombres, que poseen tal
dicha tan enorme como lo es el privilegio de poder soñar, y lograr presenciar
en ellos sucesos que probablemente, en la vida real nunca ocurrirían, (aunque,
de alguna forma son relativos con ésta). Por un momento se sienten vivos y con
esperanzas, mientras le huyen a su cruel y opaca realidad, en la cual vuestros
alientos, a veces se decaen a tal nivel de sentirse muertos y desear marcharse
por un momento de ella. Una forma de escaparle a los problemas, el sumergirse
en el bello espacio de los sueños. Quién sabe cuán extenso y singular puede
llegar a ser el mundo de los sueños. Muchos creen que nosotros mismos somos
quienes creamos y damos forma a nuestros sueños, mediante nuestra mente o
pensamientos. Pero hay quienes son capaces de irrumpir en nuestro paraíso
onírico y controlarlo, para de esta forma, la mente de muchos intentar alterar.
Esto va más allá de cualquier humano, solo quienes tienen fuerzas mayores, y
aquel tan fastuoso poder, como lo es el de poder invadir mentes ajenas a las
propias.
Aquella noche, el joven William Betancur, tendría una
experiencia que jamás olvidaría, un viaje que se quedaría marcado en sus
recuerdos, hasta el turno de su inexistencia en este mundo. Sufriría de la
estadía en uno de los lugares más profundos del cerebro del hombre, un lugar
que solo puede presenciarse en el mundo de los sueños, donde las cosas carecen
de razón alguna, y solo su dueño (o quien lo logre controlar), es capaz de
dictar control sobre él y del pobre viajero que tenga la inalterable desgracia
de caer en aquel sector. El oculto “Iluminador de la mente”. El cual puede
llegar a ser manipulado por un ser perverso y sin compasión: Daevus.
Capitulo 3
Después de un arduo y fatigoso día de trabajo, el joven
William llegó bastante cansado a su hogar, como consecuencia de tanta
acumulación de estrés e ira por aquel día tan difícil -como de costumbre-;
sintiéndose un desdichado subalterno de la ingrata vida. Al llegar, no pensó en
otro ambiente más que no fuese el de su reconfortante cama, por fin podría
descansar después de aguantar aquella repetitiva rutina, llena de un sinfín de complicadas
alteraciones, cada vez más negativas. De su pesado día se despidió, para en sus
sueños, fuerzas y ánimos recobrar.
Adentrado en su estado de adormecido, una vez ya durante
la etapa del sueño común, donde se podía
proyectar su utopía de anhelos y pensamientos, donde se abrían las puertas del
inigualable paraíso onírico; veía como tenía la vida que deseaba. Sus deseos y
acumulación de insatisfacciones en su vida, eran moldeados allí, dando paso a su
sueño, donde tenía todo lo que deseaba. Todo parecía bien…, hasta que aquel
sueño empezó a cambiar de manera extraña y repentina; tal parecía que su sueño
se estaba transformando en una pesadilla, pues el ambiente se había vuelto muy
singular y tétrico.
Sus ojos no podían asimilar el cambio tan repentino
y carente de explicación que se estaba presentando en ese momento, la peor
pesadilla que habría tenido en toda su miserable vida comenzaba a formarse. Todas
las personas que estaban en el sueño, comenzaron a agonizar, mientras la piel
se les caía en grandes cantidades, de manera tan explícita que, pese a que el
joven William, jamás hubiese visto un cuerpo humano sin piel en la vida real, o
en su beocio estado consiente, en el cual pudiese grabar esa imagen en su
subconsciente, aquella imagen podría llegar a ser peor que lo que llegase a
conocer en la realidad; los ojos les brotaban, parecía que fuesen a explotar,
el cabello y todo rastro de él se les empezaba a derretir, mientras, se podían oír
los ruines y agonizantes gemidos de dolor de todos en el lugar. Entretanto que
él, por su parte, no podía hacer otra cosa más que estar inmóvil, como una
estatua, viendo como aquel infierno se desataba a su alrededor. Petrificado del
miedo y del caos tan sorpresivo, había caído presa del terror, y lo peor estaba
por venir. Eso solo era la breve introducción del holocausto que le esperaba.
Cuando aquellos cuerpos humanos ya no se podían distinguir y no quedaban más
que restos de masas, que todavía se retorcían de dolor y angustia, gritaban y exhalaban
sufrimiento hacia el ambiente, el cielo se iba cerrando, el brillo de aquel
lugar se perdía rápidamente, mientras veía como el cielo colorido se extinguía.
Las extensas nubes, poco a poco desaparecían, ocultas por unas enormes sombras
que opacaban el firmamento. El piso estallaba en pedazos, mientras que su
cuerpo se elevaba hacia arriba, pareciendo que fuese a chocar contra aquel gran
color que se encargó de cubrir el cielo de ese mundo. El pobre William nada
podía hacer, no había hacia dónde correr, este sueño ya no lo dominaba él, ese
mundo que se había encargado de recrear su propia mente, en manos de alguien
más estaba ahora.
De pronto, un lacerante ruido se oyó a todo lo ancho
y largo del espacio; seguido de un enorme golpe contra su cuerpo entero, el
cual pudo sentir por completo, mas no logró percibir a tiempo; había surgido de
la nada, lo que lo llevaría a cerrar sus ojos y caer al mísero dolor, por lo
menos lograría huir de aquella infernal atmosfera.
Capitulo 4
Al abrir los ojos, tras recuperarse de aquel
aturdimiento, de inmediato se preguntó si estaría despierto, ¿la pesadilla ya
habría acabado y un nuevo día había iniciado? ¿Ya toda esa tortura habría
quedado en su sueño? Pero no era así, el terror apenas comenzaba.
El entorno a su alrededor era de un frío azul
profundo, con matices un tanto oscuros, dándole cercanía a un deprimido morado.
El suelo, por su parte, no se concentraba tanto el azul, haciendo más fácil
decir que su color era una especie de negruzco purpura extraño, en tonos aún
más oscuros y decaídos. Dicho suelo era demasiado denso, incluso daba la
impresión de que no hubiese superficie que estuviese pisando en ese momento,
sin embargo la gravedad funcionaba a la perfección; como en la tierra o durante
la realidad cuando se está despierto; por ende… ¿qué otra cosa podría ser eso
que estaba pisando y no podía elevarse sobre ello, más que un piso o superficie
que lo mantuviese pegado, sin poder desplegarse hacia arriba o hundirse? Por lo
menos estaba seguro de que no se encontraba en un profundo vacío o en estado de
levitación, (o cualquier otro caso similar).
Después de recorrer varios kilómetros, mientras proseguía,
sugestionado por el cambio repentino, cabizbajo y confundido, cautivo de la
incertidumbre y la desesperación: al alzar la mirada, pudo contemplar que sobre
él, a diferencia del suelo, el firmamento poseía luminosos brillos, con colores
vivos y más variados que todo lo demás ajeno al firmamento. Además de esos
preciosos y extensamente singulares brillos, los cuales pudiesen ser comparados
con las majestuosas y curiosas auroras boreales, que suelen aparecer en las
zonas polares, se divisaban flotando sobre él, todos los recuerdos de su vida
que había tenido hasta aquel entonces. Los cortos y algo escasos sucesos, que
habían ocurrido en su poca valorable y lamentable vida se podían visualizar,
que como la felicidad de la vida misma, eran pocos. No todo el firmamento
estaba lleno de momentos felices, puesto que, la felicidad es incierta, viene y
se va, a veces sin poder percibirla a tiempo, no todo siempre será del mismo
color durante la vida; podía verse desde
felicidad hasta odio, tristeza, miedo, etc.
Todos los momentos de los que tenía memoria, que alojaba
entre sus recuerdos, volaban como largas nubes, entre lo que debería de nombrar
como “cielo”, en este portentoso e ignoto lugar para cualquier ser humano.
Aquí era donde se hallaban todos sus recuerdos y
memorias, estaba a punto de llegar a la zona más profunda de su mente. Un sitio
al que son pocos los humanos que en algún momento de su vida, almacenarían el
recuerdo de una experiencia como ésta en su cabeza. Este estado de la mente a
donde había ido a parar el joven William, no era nada proverbial para la
humanidad.
Después de unos cortos minutos, en los que se encontraba
divagando, sorprendido por lo que sus ojos contemplaban en toda la atmosfera, en
el camino empezaron a crearse pequeños destellos que se encendían y apagaban,
como bombillas defectuosas. Éstas formaban una especie de camino, el cual,
William no sabía a dónde lo llevaría; aunque no tenía otra opción más que
seguirlo.
Caminó por un largo tiempo, siguiendo aquellas luces
parpadeantes, esperando encontrar una salida; cuando, de repente, el suelo se empezó
a sacudir y el cielo retumbaba. Un enorme terremoto se había desencadenado con
gran furor. Vio el surgimiento de aquello, del núcleo de todo, había llegado a
lo más profundo.
Capitulo 5
Y
surgió de la nada, del aire comenzó a aparecer una figura, que se fue
extendiendo de manera indefinida hasta tomar su forma final. Estaba rodeado por
una inmensa niebla multicolor, -era tan inmensa y amplía la neblina, que cubría
casi todo el lugar-. Lo que parecía ser la entrada, era lo más visible. Oyó un
fuerte e inhumano ruido que provenía de adentro. Intentó compararlo con la respiración
de algún animal, o sonido de un objeto cualquiera, pero un ruido de ese tipo,
no podía entrar entre alguna definición terrestre. Aquello no era de este
mundo, no conocía de alguna criatura o cosa que fuese capaz de ejecutar una
sonoridad tan lacerante y ajena a lo natural. Tenía inseguridad de eso que
había aparecido en ese sitio así de la nada, y el espacio en el que se
encontraba, junto a lo que había visto con sus ojos. En ese momento, empezó a
dudar si por lo menos se encontraría en un sueño, pues eso ya iba más allá de
su propia imaginación o comprensión; pero hubo algo que lo hizo acercarse allí:
Aquel horrible sonido se había ido, siendo opacado
por una dulce voz femenina, una voz que él ya conocía. La reconoció de
inmediato, era la bella voz de su antigua esposa que tanto amaba. Cuando más
cerca estaba, empezó a sobresalir aún más la voz, evidentemente ésta pertenecía
a una mujer. Al abrirse paso entre la niebla, muy cerca de la entrada pudo
contemplar una delgada silueta que sobresalía adentro.
-Seguid caminando, William. Ya casi a tu destino
estáis por llegar, para por fin poderme encontrar.
Era la voz de una mujer, suave y dulce como ninguna
otra que hubiesen percatado sus oídos. Al acercarse aún más, pudo contemplar el
rostro de quien lo llamaba y su nombre recitaba, en busca de su llegada que
tanto imploraba, mientras que ella con su voz lo guiaba.
Era su antigua esposa, aquella misma que lo acompañaba
durante tiempos de su vida cuando existían razones para el estado de alegría
-que ahora era utópico-, y en el agobiante presente lo tuviese sufriendo, en un vivir tan flébil.
La última vez que pudo haber contemplado ese majestuoso y leve rostro, fue cuando
éste ya se hallaba pálido, sin reacciones y protegido de los males de los vivos
por debajo de madera, descansando enterrada, fuera de este mundo.
Él aún estaba afuera del lugar donde residía su
amada; se olvidó de los funestos recuerdos y motivado por tocarla, se decidió a
cruzar aquel arco de entrada, para ingresar a la enorme construcción espontanea.
Terrible error…, Cegado por la ilusión, el joven William ya era presa débil del
iluminador. Basado en ilusiones que se usaron para incitarlo a entrar, ya su
futuro estaba perdido.
Todo empezó a retumbar, seguido de la imprevista
desaparición de su amada, ¡su esposa ya no estaba!; en lugar de ello pudo ver
como una enorme figura se iba formando delante de él, y su cuerpo empezaba a
ser atado, mediante lo que se podría suponer que eran cables largos y dolorosos
que apretaban con intensa fuerza. Un ser se había manifestado en ese entorno;
la figura había tomado forma por completo, una vez allí, al pobre William
empezaría a mortificar y todo su ser desgastar; lo único seguro es que después
de esto, los resultados de su estadía en aquel espacio no serían nada afables.
Capitulo 6
Daevus, hijo de la maldad, portador del terror,
profanador de nuestras mentes, descendiente de Éxodhor. Tenía una forma amorfa,
imposible de describir sin dejar ideas vagas y dudas sobre su apariencia, la
palabra más adecuada para definirlo sería: “el horror onírico”. Poseía una incisiva
y penetrante mirada tan hipnotizante, capaz de retener y dejar en estado de shock
a cualquier hombre -y William no sería la insólita excepción-. Daevus su caos
al iluminador trajo consigo, rodeado de largos tentáculos que cubrían casi todo
el lugar. La pobre alma encerrada se hallaba en un profundo trance de pánico y tención.
El iluminador de la mente es el lugar más profundo
de la mente humana, donde se guardan y yacen todos los recuerdos de cada quien,
el sitio principal de todo ser humano. Es éste el sector mediante el cual, el
cruel Daevus se manifestaba, viajando a través de la mente. Rebosa aquí siempre
para tomar control completo de sus víctimas; pero, su poder solo puede ser
usado en el estado del sueño; pues, es donde más fácil los puede manipular y la
única forma de atraerlos y que éstos lleguen hasta el iluminador de la mente,
guiados por él. Una vez allí, logra zacearse gracias al dueño de dicho lugar, llevándolo
hasta un punto de desgaste de conciencia, en el que todo para él pierde sentido,
y no siente más que miedo, pánico y locura; volviéndose esclavo del terror y la
alteración mental, quedando esclavizados como títere de la diversión de Daevus.
El malaventurado William yacía cerca de
dicho estado, en el limbo de su razonamiento. Las ilusiones que empezaba a
crear Daevus una vez su víctima llegaba hasta donde él, eran demasiado crueles
y resultaban ser una grande aflicción mental. Creando un caos que va más allá
de la imaginación de hombres como Lovecraft o Allan Poe. A pesar de estar más allá
de la zona original donde se proyectan las pesadillas, esto era más doloroso
que cualquier otro mal sueño que un ser cualquiera pudiese llegar a tener. Estaba
presenciando el horror y maldad de todo el incomprensible universo en un mismo
lugar.
Capitulo 7
Logró despertar decaído por completo; después de un
largo tiempo, que parecía que fuese eterno, sin final existente.
No obstante, el sufrimiento no había terminado. Aunque
Daevus, el horror onírico, solo pudiese atacar en los sueños, ya había dejado
sembrada la semilla del terror, su realidad se había vuelto una maniaca y ominosa
pesadilla. Su cordura había sido dañada por aquel ser.
Todas las noches la paranoia se apoderaba de él, en constantes
intentos de vigilia, para no toparse de nuevo con aquel abyecto ser. Su cerebro
ya no era igual y la aberración al temor del cual no podía huir, hizo que su
cruel vida se desgastara cada vez más aprisa, y gracias a Daevus con la muerte
fuese a dar.
Días después del suceso, el joven William no se encontraba
ya con nosotros en esto a lo que llamamos vida. No se sabe con exactitud de que
falleció, lo único fijo que se puede afirmar, es que terminó en el mismo punto
de su esposa, Mery: un inexplicable óbito.
No se encontraron rastros algunos como para lograr
teorizar algo lógico. Lo más probable es, que su muerte fuese natural, producto
de un paro cardiaco o algo similar. Al no interactuar casi con las personas, -en
especial durante sus últimos días-, es muy complicado encontrar fuentes que
ayuden a una conclusión infalible. Aunque también hondean las probabilidades de
un suicidio guiado por la bipolaridad, locura o depresión. Su fallecimiento
quizás quedará como algo inconcluso, escrito en la historia.
En su habitación fue encontrado un texto, en el que describía
a alguien demasiado mórbido y lleno de crueldad, que, William aborrecía mucho,
pues según él, era el causante de su deplorable estado tanto mental como físico,
durante aquellos últimos días de su corta vida. También mencionaba un lugar
sorprendente, que al visitarlo le trajo muchos recuerdos sobre su infancia y
varios momentos de su vida, fue ahí al parecer donde conoció a quien lo indujo a morir. Tanto odio que expresaba hacia él en aquellos renglones,
donde relataba todo el dolor que sentía antes de morir; sin embargo, nunca
mencionó la causa de su muerte, solo decía que lo estaba pasando muy mal y tenía
constantes pesadillas, “tanto al dormir como al despertar”. Al parecer, no
alcanzó a redactar antes de su muerte, sin poder indicar causas específicas.
Su muerte sigue siendo un completo misterio, y no
hay forma de contactar con quien, según él, lo condujo hasta esa confusa e
irregular situación y su inexistencia absoluta, en este singular mundo.
FIN.
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Cerca del pueblo Smish Brown, hay
unas enormes, enigmáticas e inexplorables montañas, las cuales han servido como
creadoras de diversas “maldiciones” y usinas de rumores, originadas y esparcidas
por los pueblerinos, que no se atreven a penetrar tal misterio sembrador de
miedo, por culpa de las numerosas historias oscuras y escalofriantes que
albergan. Solo los extranjeros son capaces de aventurarse en ellas, pagando el
precio de la curiosidad y la valentía.
Un hombre vagaba perdido, en
solitario, por los excepcionales y pintorescos paisajes de las montañas durante
una exploración, para lograr observar la maravillosa y singular estructura que
se hallaba allí. Pero en un lugar tan extraño e inusual, era muy fácil perderse
y olvidarse en un instante del camino de regreso, sin tener forma de recordarse
de donde venía, o cuál era la trayectoria del camino que había dejado atrás. No
le quedaba más remedio que seguir hacia delante y conseguir su objetivo, para
así, por lo menos, hacer que su viaje hubiese valido la pena y una vez ya en la
sima ver cómo arreglárselas para regresar. Su finalidad era llegar hasta lo más
alto de aquellas solitarias y hermosas montañas; algo que ningún ser humano
pudiese presumir de haber hecho antes. Durante las noches, dicha soledad y
singularidad las hacía poseer un aspecto macabro y aterrador. Dicho misterio, como
lo es aquel lugar, era lo que más hacía que las personas les tuviesen miedo, y
entre más intriga causase, mayor era la anhelación de aquel hombre por
conquistar la cabalística montaña, despoblada de cualquier humano. Con los años,
mediante la cultura popular de los pueblos y extranjeros, se fueron creando
diversos mitos, especulaciones, rumores e historias sobre aquel desconocido y peculiar
sitio. Se creía que todo aquel que llegase a siquiera pisar cerca de la sima,
moriría, como producto de algún ataque al corazón, o quizás atrapados por
alguna enredada planta, árboles o cualquier otra creación natural del lugar;
inclusive habían algunos supersticiosos que decían que era de mala suerte pisar
dicha zona, pues podrían traer malas consecuencias para el pueblo, atrayendo
pestes, o innumerables aflicciones para los allegados del causante de la
desgracia, y un montón más de agüeros imaginados por el más supersticioso de
los ignorantes. Esto como motivo de que los pocos hombres que se aventuraban a
explorarlas o escalarlas, jamás se les volvía a ver, ninguno regresaba, ni
siquiera el cuerpo se les volvía conocer, solo quedaba el recuerdo de ellos
(recuerdo, el cual se iba perdiendo con el pasar de los años). Había algunos,
que creían que esto era porque una bestia o ser inhumano les hacía las más
perturbadoras y horripilantes de las cosas y torturas, que serían imposibles de
pensar o recrear por las vagas y enormemente imaginativas mentes crédulas de
los pueblerinos. Se crearon un sinfín de cuentos y cosas macabras sobre
aquellas enormes y rocosas montañas. Sin embargo, nadie podía negar que en el
día, –en especial cuando el amanecer estaba a punto de salir– se podía
contemplar un hermoso y excepcional paisaje como ningún otro, pero dicha
belleza se perdía cuando la noche traía consigo a la luna. Pues eran las ocasiones
en las que más tenebrosas se veían.
Aunque esto no le importó a
Robert Henryson. Él quería conocer aquel mítico secreto que yacía en lo alto de
aquellas montañas, no le importaba qué pudiese haber u ocurrir allá. Su deseo
de saber qué se podría encontrar en el sector lo llevaba ciegamente a escalarla,
sin importar las adversidades; sabía que ya no había camino atrás. Durante su confuso
extravío en las montañas, una dulce, hermosa y suave melodía, fue lo que lo
guío en el camino. Una preciosa voz, tan dulce y agudamente angelical, que, de
inmediato se podía afirmar que pertenecía a una mujer. Aquello le ayudó a recobrar
el camino correcto. Sin saber si aún no hubiese pasado de la hondonada de la
montaña siquiera, perdido por completo, aquel dulce sonido fue la mejor guía
que pudo haber recibido en ese momento; puesto que lo ayudaron a retomar una
vía perfecta, directo hacia el recorrido correcto del camino. Poco a poco iba
avanzando, guiado por el hipnótico y esplendido sonido de la montaña. La niebla
y los arboles no fueron obstáculos para él, quedaron reducidos a
insignificantes intentos de distracción, frente a la cálida voz que iba
siguiendo. Como por obra de hipnosis la melodía vocal lo condujo hasta afuera
de aquel laberinto en que se había perdido.
Después de largas horas, desaprovechadas
por el descuido de su aventura, llegó a la cima. Allí se empezaba a formar una
neblina débil y clara, –al menos se podían distinguir las figuras y siluetas que
no estuviesen muy alejadas–. Lo primero que pudo percibir con su vista fue un
delgado cuerpo, que concordaba perfectamente con los sonidos que se producían
desde ese lugar. Al expandir más su vista, pudo notar más siluetas, el sitio
estaba habitado por diversas mujeres, que al indagar con la mente pudo formar
la idea de que, ellas, las mujeres: conformaban una especie de tribu femenina,
desolada por la ignorancia de las supersticiosas y cobardes personas; las
cuales, muy fácilmente podía afirmarse que vivían allí. Ni una sola de ellas
era fea, sin importar que la concepción de “belleza” ha de ser subjetiva, ningún
ser humano podría negar el enorme atractivo que poseían esas mujeres, algunas
de tés clara, otras negras o morenas, pero el color solo era un grano de arena
más entre la extensa isla de cualidades exquisitas que tenían todas; el sexo
masculino habría de sentirse denigrado y, reducido a bazofias horrendas y feas,
por aquellas hermosas hembras bien estructuradas. Su cuerpo estaba cubierto por
una sustancia, que no podrías ser pintura, debido a que éste se veía más gruesa,
a diferencia de la pintura, que tiende a mantener una estructura más líquida y
densa, o alguna otra sustancia que les permitiese camuflar y cubrir sus partes
entre los colores de la decoración en sus cuerpos. Unas eran de ojos negros,
otras de ojos cafés, unas pocas amarillo y demás de ojos grises, o incluso
hasta plateado. No hay palabras en este mundo que lleguen a acercarse a una
adjetivación absoluta sobre la belleza sobrehumana de las habitantes de esa
zona.
Robert Henryson entró en un
trance, mientras tanto las mujeres lo
mantenían recostado cerca de ellas; simultáneamente éstas le acariciaban su
enmarañado cabello, cejas, y rosaban sus brazos, pies y rostro; y él sin poder pedir
objeción, debido a que ya no tenía control sobre su mente, –pero, de todos
modos, no creo que se hubiese quejado o resistido aun así estuviese
completamente estable–. Las bellas damas no alejaban la vista de los ojos de Robert,
al mismo tiempo que le sonreían, mirándolo fijamente a los ojos. Tal parece que
esta fuese la forma de retener a Robert, para que el hombre, no tuviese control
sobre su propio cuerpo.
Estaba en el paraíso; pero al
llegar la noche su cielo se oscureció… Al surgir la luna, estando ésta en su
posicionamiento máximo del firmamento, sin poder ver el sol, ya que éste se
hallaba oculto, iluminando el otro lado del geoide cuerpo cósmico en que
habitamos: la odisea empezó a cambiar, tal pareciendo que se viniese abajo la
dicha. El cuerpo de las mujeres empezó a cambiar desproporcionada y
monstruosamente, pasando por una súbita metamorfosis. La boca se les comenzó a
anchar, tanto que parecía como si se les fuese a partir, anchando de manera
exorbitante su mandíbula, quedando completamente desfigurada, con largos
dientes, de igual forma que la lengua; la piel se les había resecado, quedando
escamosa. Esta vez las bellezas humanas, eran una horripilante fealdad.
Empezaron a devorarse el cuerpo de Robert,
degollándolo por pedazos notorios, unas lo comían desde las extremidades, otras
le arrancaban la piel y destrozaban todo su pecho, sin compasión o sentimiento
humano alguno; otras saboreaban sus intestinos, bañados de sangre, y las
restantes se le posaban en su cráneo, estrujándolo. Durante la expulsión de los
gritos de dolor y sufrimientos de Robert, -expulsando todas sus penas y
sentimientos de dolor-, recurriendo a los alaridos como único método de deshago
accesible, ellas, las demoniacas criaturas disfrazadas de mujeres, le abrían la
boca, subsanando sus lamentos con frenesí, los cuales se transformaban en
gritos guturales de desdicha y tortura, succionados por la boca de las bestias
femeninas, y los almacenaban entre sus propias bocas, pasando por sus cuerdas
vocales, conformando así el arreglo de sus cantos; alcanzando mediante estos
actos, tal nivel angelical vocal, atrayendo así a más atrevidos y temerarios
hombres que se arriesgaban a explorar las montañas, convirtiéndose éstos en
alimento para aquellas moldeables y horrendas criaturas. Esta era su preparación
vocal, además de la carne, más allá de ello, también se alimentaron de los
gritos de las cuerdas vocales, que quedaron igualmente desgastadas a más no
poder. Se comieron por completo al pobre hombre, curioso y atrevido, reduciendo su cuerpo a migas de lo que habría
de ser la estructura física del aventurado escalador e investigador, Robert
Henryson. Uniéndose a las demás voces
que la tribu de las montañas había adquirido con el pasar de los años, en una
mezcla gutural que daba origen a aquella carnada para los extraviados
visitantes, haciendo que esto fuese el ingrediente que le suministraban y
moldeaban aquella preciosa voz.
FIN.
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Todas las historias publicadas, las podrás encontrar debajo de esta entrada. Aquí podrás encontrar diversos relatos e historias de: terror, suspenso y horror cósmico. Todas escritas por mí, espero que sean de vuestro agrado. Si tenéis alguna opinión, sugerencia o comentario no dudéis en hacerla. Pues me ayuda a mejorar, si desea manipular o hacer uso de alguna parte de este material, por favor consultádmelo y yo con gusto lo atiendo, por favor si hará ello dadme crédito de mi respectivo trabajo, pero no sin antes consultarme, gracias. Espero que te entretengas por aquí, y no dudes en dar tu sincera y respetuosa opinión. Gmail: Mardreandres@gmail.com Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100010810635545
En busca de una luz, algo que ilumine su oscuro sendero,
intenta una mínima esperanza él encontrar. Al menos una mano que poder tocar y
una gota de fe lograr tomar. Él quiere encontrar a dios, solamente busca un
hogar, solo desea llegar a la estación de la forzada y artificial felicidad,
para reencontrarse con sus esperanzas. Él solo odia, pero él no es quien crea
ese odio, solo se encarga de transmitirlo, es una pobre alma presa de ese
sentimiento. Ambiciona ser oído, ansía violar e interrumpir el silencio,
retumbar más allá de la oscuridad, asesinar la soledad y desbastar el dolor que
cubre su pútrida alma. Necesita de alguien que lo volteé a ver, más que querer
que los demás lo sientan, anhela poder a alguien sentir. Piensa que es horrible,
a pesar de nadie haberle hablado sobre él mismo, en ningún recuerdo suyo
alguien estuvo junto a él. Ni un solo amigo ha llegado a tener, ansiaba conocer
voces humanas, y callar esos demonios que tenía por conciencia, que le repetían
lo horrible que era. Nunca ha percibido el tacto de persona alguna, ni siquiera
él mismo soporta tocarse, pues se ve a sí mismo como una desagradable fealdad
inhumana abortada por la desgracia. Quiere encender las velas, pero éstas cada
vez más derretidas están, y el delgado humo que quedaba se desvaneció entre el
aire junto con su cordura; y a un túnel de descontrol y depresión fue a dar. Solo
la desolación y la soledad lo acompañan en su cárcel, en la que él mismo se encerró.
Cualquiera puede liberarlo, pero nadie se atreve a introducir la llave. No
puede hacer más que arrodillarse y sentir cómo con sus manos en la cara un
océano empieza a recorrer su rostro; ya no puede distinguir entre el día y la
noche, amanecer y anochecer es lo mismo para él, pues la alegría es algo
desconocido que por allí no se ve; únicamente un destello quisiese encontrar.
Tiempo después, luego de duraderos lapsos de existencia desventurada y ausente
de suerte, con esto finalmente se logra encontrar, sus lamentos llegan a su fin
y una mano de compasión consigue tocar, en un silencio eterno con aquella luz llega
a dar. El último brillo que pudiese contemplar, aquella mano no era más que la
de su propio cuerpo que tocaba su cuello mientras éste se encontraba colgando
de un nudo bien ajustado. Nadie jamás lo quiso ayudar, así que solo intentó
comprender lo que era poder descansar. Después de tantos aspavientos de
tristeza y sufrimiento, mientras su garganta acariciaba aquella soga, que sería
lo más cercano a una persona que pudo llegar a estar durante toda su aflicción,
con la tan anhelada luz logra dar.
Fin.
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Hace millones de años, antes de la existencia de la humanidad y del surgimiento del universo, cuando existía aquello que conocemos como “La Nada”. Solo ellos eran quienes Vivian y habitaban, hacían lo que quisiesen, sin leyes o mandato alguno, eran los reyes del Mundo. Cuando estaban despiertos y libres, sin ser privados de sus privilegios y con la libertad de poder desplazarse a su gusto por cualquier parte del espacio tiempo como ellos quisiesen. No existía categorización, no sabían qué era el bien y mal, quiénes hacían bien y quiénes daño, pues no había definición para nada, es difícil comprender qué es bueno y qué es malo, ¿quiénes tenían la “razón”? ¿Quiénes hacían lo mejor y más conveniente para los demás? Nadie lo sabe, mejor que sea así. Pues aquello sería querer limitar las cosas a meras y simples definiciones humanas, simplemente habían seres, deidades, materia incomprensible y fantástica en variedad, o como lo quieran interpretar. No habitaban en un simple, aislado y limitado lugar, condenados, encerrados u ocultos porque alguien se los ordenase. Ellos, aquellos míticos seres oníricos que no son dignos de ser conocidos por nosotros los humanos. Ningún ser humano en este mundo durante su primera existencia en la faz de la tierra podría llegar siquiera a darles creación o imaginar cómo serían. Imposibles e incomprensibles para la humanidad, al menos desde el punto de su existencia en la tierra. Cuentan que son pocos quienes en la actualidad han podido conocer siquiera a una de esas criaturas mórbidas y temibles, pues el lugar donde habitan es muy incierto. Pueden estar: desde el espacio, hasta dentro de ti. De todas las personas que se creen que han hecho contacto con ellos, ninguna ha vuelto para contarlo, cualquier ser humano quedaría aterrorizado y repugnado al verlos y ser controlados o manipulados por ellos, son muy pocos quienes han quedado con un poco de cordura y razón después de esas experiencias, y hasta el día de hoy no se ha podido saber cómo es que estos hombres han conseguido subsistir, aquella mínima porcentaje de vivos que han logrado sobrevivir han quedado en la memoria de varios siendo recordados como historias de fantasía. Aunque ni siquiera sé si aquellos pocos sobrevivientes se les podrían considerar humanos, pues lo más probable es que no lo fuesen. Todos ellos, esparcidos en distintos lugares, en las dimensiones, en los multiversos, la tierra, otros planetas, en las lejanas y desconocidas estrellas, en nuestros sueños o dentro de nosotros. Pero lo único seguro sobre ellos es que son responsables de nuestra existencia, y, quienes tengan el privilegio (o desgracia) de alguna forma interactuar con ellos no le espera nada bueno, no os esfuercen en buscar información sobre ellos, les resultara imposible, varios lo han intentado y han fracasado, pues peor sería si llegas a saber más de ellos, y ahora… ¿Alguien querría tener una experiencia con ellos? Quizás durante sus últimos minutos de existencia. Ellos habitan en los lugares más recónditos del espacio tiempo. No todos pueden hacer algo actualmente, algunos no están conscientes, pero cuando los principales tomen conciencia ese día será el fin, no solo de la humanidad, quizás también del universo mismo.
Capitulo 2
Un terrible final le depara a la
humanidad, el día en que aquel que empezó todo despierte y vuelva para
finalizarlo. Será el adiós para todos los humanos e incluso para algunos superiores
a nosotros.
Él, que se halla durmiendo. Muchas
de las actuales deidades, habitantes de los distintos universos, aunque nunca
lo conocieron, sí lo han podido presenciar en distintas visiones: lo ven
descansar, como éste intenta atacar, pero de su estado de reposo no se puede
levantar, esto por consecuencia de la creación del mundo.
Eones de años atrás, antes de la
aparición de la primera estrella. En un extenso espacio carente de vida y
existencia, solo una deforme masa brillante sobresalía en ese paisaje envuelto
por un sonido nulo y un enorme color negro.
Capitulo 3
-¿Puede alguien oírme? ¿Puede
alguien sentirme? Cuán confuso y extraño me siento en esto que parece estar
habitado por la inmensa soledad. Completamente perdido me hallo, no sé ni donde
estoy, ni hacia dónde voy, no recuerdo cómo llegue aquí, ni siquiera sé quién o
qué soy, ¿Estoy vivo? ¿O acaso estaré muerto?, Quizás ambas a la vez, o tal vez
ninguna de las dos. Todo en completa oscuridad, sin ningún ruido en absoluto,
la atmosfera está cubierta de un extenso silencio el cual se puede sentir en
todo el sitio. No sé si por lo menos estoy caminando o si me encuentre en el
aire flotando, pues no siento extremidades, ni parte alguna en mi cuerpo, no
logro percibir tacto alguno. A este punto dudo demasiado de mi existencia, no
creo que este lugar entre en alguna categorización existente.
Pasan los días, pasan los años e incluso hasta
los milenios; y aún no logro descubrir el motivo de mi estadía en este oscuro y
vacío lugar, una profunda soledad tan indescriptiblemente infinita. Durante mi
largo tiempo aquí he considerado demasiado, si realmente nada existe, nada más
que la nada infinita. Deseo moldear esa nada, quiero ver color, y escuchar otro
ruido más allá que el de mi propia voz y conciencia, que no me deja dormir por
el frecuente recuerdo de mis intentos en vanos de hallar algo que sentir o ver,
aun no hay creación alguna, he llegado a teorizar si no soy más que un ser
artificial, pues no hallo explicación alguna de esta situación. He descubierto
que tengo un enorme “don”, o poder, no tengo idea de cómo llamarle, pero a
pesar de ello no sé cómo usarlo adecuadamente, sin embargo debo hacerlo. Así
que arriesgándome a un colapso de energía que pueda inclusive acabar conmigo,
pero a la vez iniciar otras cosas, he decidido hacerlo sin saber que pueda
pasar conmigo después, si he de desaparecer o si sea un fracaso todo ese
esfuerzo y no logre dar con nada, y en lo que probablemente serán mis últimas
palabras, solo tengo que decir: que la vida y existencia misma comience. Hágase
la luz.
Capitulo 4
Incontables eones de años atrás:
después de que con el pasar de los años la ira y maldad se apoderara de los
enormes seres, toda esa acumulación de egoísmo y perversidad en ellos, desató
un enorme caos, dando paso a una inmensa guerra que perduró por mucho tiempo.
Estas criaturas no había forma de quitarles su vida o existencia, así que no había
otra opción más que dejarlos inconscientes, pero en un espacio como en el que
habitaban en ese entonces esto no era posible. Entre un grupo de deidades se
encargaron de crear varios universos, para utilizar estos lugares como calabozos
para aquellos quienes estaban acabando con todo. Había que pararlos, y por ello
fueron privados de su poder, y cayendo en un sueño profundo, en distintas
partes del espacio tiempo yacen inconscientes aquellos dioses que un día
dominaron todo para después quedar encarcelados entre distintos lugares de los
multiversos, unos dormidos en las estrellas, otros más potentes, despiertos
pero sin poder salir de su prisión. Aquella creación tan enorme y tan bien
hecha necesitaba de mucha energía para poder originarse; entre un desgaste
enorme de energía, los seres encargados de la creación de ese mundo no
aguantaron y terminaron en un estado de desgaste, con el mismo final que su
creador, quedando también atrapados sin poder ir a alguna parte. Aquellos
quienes una vez eran los reyes de todo hoy son los prisioneros de su creación.
Milenios próximos llegaría el origen de nuevas criaturas, muy diferentes a
todo, formados de partículas provenientes del universo. La llegada de los
humanos a la vida.
Capitulo 5
Con la llegada de la raza humana,
los dioses encontraron una forma de entretenerse durante su largo
encarcelamiento, podían comunicarse o manifestársele a los humanos de distintas
formas: en ilusiones o en sus sueños (sueños los cuales muchas veces convertían
en pesadillas); los torturaban, y hacían de sus mentes su propia mazmorra de
sufrimiento. No sienten compasión alguna por los humanos, les encanta jugar con
esas pobres y débiles mentes, que no son más que una diminuta insignificancia
en todo el basto cosmos, sin saber que más allá de su zona hay seres mucho más
poderosos que ellos, capaces de desatar un enorme fin si pudiesen salir de aquel
infierno en el que fueron atrapados. A pesar de haber perdido su hegemonía en
el mundo, aquella cárcel del universo no los logrará retener para siempre, solo
necesitan de la suficiente energía para poder huir de allí, y así poder ser
libres de nuevo. Les gusta alimentarse del miedo, pues para ellos, es de los
sentimientos más fáciles de provocar en los humanos. El ver aquellas pobres
almas y seres retorcerse por piedad, con el ánimo por los suelos y los nervios
elevados a tal punto de caer en un sufrimiento inmenso, fáciles de manipular en
ese estado de temor, se alimentan fácilmente de eso. Cuando logren recuperarse
por completo a costillas de los humanos, el mundo ellos se han de tomar, y el
creador será el líder de este feroz apocalipsis para la humanidad.
ÉL está por encima de todos y de
todo, él es el gran creador, y con los sucesores de su linaje serán los
destructores de todo. Solo ellos quedarán existiendo, pero fuera de nuestro
entorno, para ese entonces ya nada tendrá sentido y todo lo que conocíamos se
alterará quedando nada más que en un ambiente catastrófico de confusión, muerte
y maldad.
Liderando el caos que traerá consigo, los
multiversos destruirán. Lleno de ira y odio el antiguo creador se encuentra
dormido, de su prolongado sueño él se ha de levantar y así su trono retomará. Cuando
Galisis despierte su fuerza a de desatar y así acompañado por sus descendientes, con todo acabarán. Él es
sinónimo de destrucción y crueldad, ellos, los antiguos dioses son la prefecta
especulación de aquello que llamamos maldad, son los creadores del miedo y los
originarios de nuestras pesadillas. Con esta atroz revolución el cosmos
retumbara de miedo y el creador lo que alguna vez empezó, lo terminará, solo
los incomprensibles dioses serán los únicos que queden en pie, para así un
nuevo comienzo retomar, trayendo consigo el fin de una historia anterior.
Fin.
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