sábado, 18 de febrero de 2017

Décimo relato: "Más allá de la realidad"

MÁS ALLÁ DE LA REALIDAD

El misterio y la intriga siempre han sido de los placeres más dichosos –pero a veces desastrosos– para la humanidad. Siempre existirá lo desconocido para el hombre. Y nuestra curiosidad hacia aquello que desconocemos, es lo que nos ha incitado desde los primigenios tiempos de todo, para lograr progresar. Sin embargo, aquello también es lo que nos frena y ha causado un sinfín de sucesos caóticos para el mundo. Es por ello que aquel miedo que sentimos frente a lo desconocido, es lo que hace que nos limitemos más a la vez; aunque, en ocasiones, es mejor seguir encerrado en la mentira y la ignorancia, a pagar el precio por el conocimiento. Pues algunas veces, lo oculto es mejor que se quede así y no pase de allí, ya que la exploración de la verdad a veces puede resultar horrible. Y esto yo lo digo por experiencia propia, me atreví a ir más allá del pánico y cruzar la desinformación universal; y ahora me he de arrepentir de ello,  hasta el fallecer de mi existencia; si no es que la eternidad exista y también ahí el perturbador recuerdo me persiga, condenándome a un bucle de tortura sin final, rebasando lo existencial y onírico, sin que esta pesadilla realista acabe.
Todas las palabras que estoy pronunciando, podrían ser puestas entre comillas, ya que todo eso en mi perspectiva no tiene significado o vitalidad. He llegado a niveles donde todo lo que los humanos aprenden se vuelve en algo de tamaño tan insignificante como del tamaño de una nanomolécula. Pero, para no confundir a quien está por conocer esta absurda e irracional confección, me expresaré en un lenguaje y explicación que puedan ser comprendidas por quienes conozcan lo que voy a relatar.
Lo irónico es que yo alguna vez creí ser humano, mas entendí que podía llegar a ser algo más que eso, algo mucho más poderoso e inimaginable.  Estaba ciego, encerrado entre mi propia creación, que, sin saberlo, era obre mía.   
Mi historia –o al menos lo que había antes de mi presente, hace un largo tiempo atrás, cuando las palabras “presente”, “pasado”, futuro”… tenían sentido o importancia–, muchos la viven, y al igual que mí, durante cierto lapso, habitan en la ignorancia sin conocer la realidad de la “vida”. Todos vosotros es posible que hagan parte de mi historia, después de todo, ustedes, humanos, pertenecen a mí o a seres similares a mí. Pues comprendí que el mundo, de alguna u otra forma, es relativamente individual, puede que no me comprendan en este momento, o piensen que solo soy alguien con alteraciones mentales. Quizás sea así; sin embargo, lo que comunico es real. Ya comprenderán todo lo que les estoy comunicando, y descubrirán cuan fría y solitaria es la existencia. No sé si deba maldecir o alabar a mi mente, por tal creación, pero a quien sí he de aborrecer, es a aquel ser: me condenó a salir de lo desconocido y habitar en la miseria del conocimiento de la verdad.
Mi nombre –que, por más que no lo quisiese comunicar–, al menos deberían de conocer el “nombre” de quien les ha de abrir los ojos, tal y como me condenaron a mí. Me llamo Agdram (¿o me llamaban?, cuando era preso de las costumbres humanas). Soy uno de los seres esparcidores del conocimiento de Deuductus. Un producto especulador más del lector u oyente, o aquel reemplazante de  Deuductus; como lo queráis interpretar, desde la óptica subjetiva.
El comienzo de mi final, inició mediante extrañas visiones, que habían empezado en mi vivir, acompañándome hasta mi retiro, reflejando el cuerpo de un ser, el cual, nunca se revelaba su rostro. Éste me repetía con constancia, que me mostraría la verdad, que todos a quienes conocía, la  desconocían; cómo atravesaría lo humanamente ignorado. Durante las primeras muestras de un futuro incierto y curioso, las tomé como simples obras creadas por mi imaginación, ya que las consideraba irracionales de cualquier lógica que le buscase. Éstas proseguían, y  las veía tan seguidas, hasta tal punto que mi paranoia aumentó demasiado. Intenté relacionar esa paranoia con las consecutivas imágenes que me atormentaban cada vez en mayor escala; mas todo ello fue en vano; y al final me rendí ante mi inevitable destino.
Y fue como por obra de la casualidad, que logré armar y resolver el acertijo, que mi mente me había creado. Cuando menos pensé, lo había terminado. Sin excesivo esfuerzo, junté todas las visiones, las organicé, analicé y así una conclusión finalmente saqué. Entre más progresaba, más se despertaba dentro de mí, un inexplicable sentimiento que ataba cada vez más mis ganas por llegar al significado de dichas visiones.
La primera imagen, sobre un momento pendiente en el transcurso de mi vivir, era así:

Primera visión:
Entre ataques de tención y estrés, que se acumulaban cada vez a mayor escala, los cuales trataba dopar, incliné mi espalda y cerré los ojos, posando la mano sobre mi frente en un gesto de cansancio y desespero. Inconsciente, caí esclavo del desaliento, con la vista en negro, viendo solo lo que se pasase sobre mi imaginación, lo cual era igual a cero; pues el agotamiento me dominó fácil, llevándome a terminar dormido. Encontrado ya en la frontera entre el sueño y el mundo material, un pensamiento irrumpió en mi cerebro, obligándome a presenciarlo, sin poder objetarme; no era yo quien controlaba el mundo de mis pensamientos.  
Una explosión tecnicolor, fue el telón del usurpador momento. Podía divisar el mundo completo, pude observar a cada uno de los habitantes del planeta, todas y cada una de las cosas que conformaban el enorme cuerpo cósmico nombrado Tierra. Desde los seres bióticos, como los abióticos. Lo pude presenciar todo, de manera muy verídica. Estando yo delante de todo, me sentí Dios por un momento. Aunque no sentía mi propio cuerpo, creo que, ni siquiera sentía mi propia voz, tanto vocal como mental. Solo pude usar los sentidos de la vista y el oído. Una voz interrumpió la calma que se desarrollaba en ese mundo imaginario; era áspera y predominante en mi atención. Las palabras que decía, fueron la única cosa que se enmarcó en mi cerebro, durante todo el transcurso de mi analfabetismo en el que vivía, antes de finalizar todas esas visiones.
–Agdram, Agdram Derleth Bach. Solo observad a tu alrededor, todo de lo que eres dueño y esclavo a la vez. Es maravilloso este mundo, pero aun mayor es la verdad. Yo la conozco a la perfección, y está almacenada en ti. Yo soy la verdad, y tú eres la única realidad más allá de mí.  
El atípico sueño, terminó segundos después de haber finalizado el discurso de aquel desconocido, al que pertenecía esa voz. Aunque no estoy seguro si decir que aquello fuese un sueño; no creo que lo fuese. Estaba entre el despertar y el imaginar. No era capaz de afirmar que estuviese en el mundo onírico, pero no sería lógico decir que estaba cuerdo en el despertar. No se me ocurre cómo calificar aquel suceso, solo me quedaba postular una postura agnóstica frente a la situación.
Concluí en dejarlo como un recuerdo etéreo, con un misterio peculiar, y las más heteróclitas características que se encuentran lejos de la imaginación.

Segunda visión:
Había transcurrido una semana desde el extraño suceso, en que se habían desvelado frente a mí los poderes imaginativos de la mente, que podían recrear extravagantes y excitantes escenarios, y, que no solo una superdotada mente podría plasmar. Bien tenía claro, que no había forma de que hubiese sido mi mente la encargada de ello, necesitaba de un lazarillo, para guiarla por aquellos pasajes de tal visión, que van más allá de cualquier imagen que el limitado entendimiento humano pudiese dibujar. Aquello fue lo que me tenía cada vez más confuso durante todo el tiempo. Mi filosofía no me ayudaba a librarme de esa confusión. El uso de mi razón se había convertido en un dilema, por un lado me convencí que yo no pude haber sido el creador de ese suceso, que debía ser más que algo plasmado entre la fantasía, y por el otro, era igual de acertado el decir que aquello superaba los límites de la realidad; cada vez, se cultivaba más en mí, la afirmación de los hechos y declararlo como algo innovador, que era algo sobrenatural; pero mi escepticismo no me dejaría sustentar tal idea. Sin embargo, aquel escepticismo se iría perdiendo con el transcurso de los días, renunciando ante las visiones.  
Estando despierto y en un estado perfecto de cordura, de nuevo, se presentó ante mí una primicia. A ésta no le importó quebrar el pacto entre el despertar, donde era yo quien decidía qué pensar, y entre la frontera de la somnolencia. Teniendo los ojos abiertos, sentí como un suave golpe agredía mi cuerpo y mi entorno tomó otra forma, sin tiempo de percatarme de la transformación.   
Frente a mí, se mostraba a cada uno de los habitantes de la sociedad, desde la clase alta y burguesa hasta los más nobles o miserables.
Una inesperada metamorfosis se desarrolló en aquellos individuos. El mundo que se situaba delante mío, ya no poseía humanos; las personas que conformaban la tierra empezaron a cambiar, quedando como figuras tan raras que, no se me ocurren palabras para describirlas con claridad. Su apariencia era antropomórfica y del mismo tono que todo el espacio a mi alrededor. El entorno completo se hacía del mismo color; era el color negro quien predominaba, con líneas verdes que creaban pequeños cuadrados, como diminutos pixeles sobre ellos. Los cuerpos poseedores de una estructura física, emanaban una aurora azul y grisácea, entre una mezcla de colores que daban aspectos a una mente dominada por alguna sustancia alucinógena o una racionalidad alterada. Pero no, estaba perfectamente cuerdo.  
Esta segunda visión, sin duda alguna, era muy distinta a la de la inauguración de estos sucesos. Había una nueva característica que me inquietó en gran consideración; a diferencia de la primera vez, en esta ocasión, estaba seguro de que poseía un cuerpo, parecía que también fuese azul, como los que emanaban las demás cosas. El mío contenía una radiación azuleja en mayor cantidad, siendo el que más resaltaba, dando el pensamiento de que fuese por completo de ese color. Podía sentir mis extremidades y todos los demás miembros que conforman la anatomía humana. En ese momento estaba empezando a rechazar mi materialismo y emprender el abandono de éste; pude sentir como si comenzara a levitar, pero solo eso, el sentir, pues mi cuerpo no se movía para nada, él quedaba estable como si nada estuviese pasando, mientras que algo en mí, se elevaba sobre mi propia materia; por primera vez llegué a afirmar en mi filosofía, la existencia de aquello que llaman “alma”, llevando por primera ocasión la confianza de la convicción de la existencia del “alma”, en mi vida. Por ende, diré con seguridad en mi dialecto y uso de palabras, que creo adecuadas para el momento, que: sentía como, mi sustancia inmaterial se despojaba de mi figura corporal, separándose de la asociación entre cuerpo y espíritu, quedando solamente el alma, como lo único que tenía sentido en ese momento. Como si mi esencia se quisiera alejar, para ir hacía algún otro lugar; aunque, por más que una fuerza de atracción luchase por conseguir su tarea, yo me resistía a dejarme guiar por un factor tan desconocido, que, inclusive me habían alterado mis escépticos y materialistas pensamientos sobre lo que conocía.
La misma voz del recuerdo de la visión pasada había resurgido. En esta ocasión se oía con un mayor eco y más vibrado, dando la impresión de un tono áspero.
Agdram, no te resistas; es lo mejor, tarde o temprano deberás alejarte de aquella cárcel humana, que te impide llegar al final. El humanismo, el existencialismo y la metafísica se verán reducidos a cenizas oníricas, que algún día se creyeron reales, junto con todas las demás ideas, hipótesis o corrientes filosóficas. Solo hay un dueño de los pensamientos, ciencias e ideologías en su totalidad, y él también es quien puede controlar la historia de este mundo, junto con sus leyes.
Se manifestó un notorio y fuerte estruendo en el sitio;  simultáneamente, el extraño mundo en el que me hallaba se juntó, quedando convertido en algo estrecho y reducido, por una fuerza descomunal, como si se tratase de un agujero negro, atrayendo y arrastrando todo a su paso, junto conmigo y mi cuerpo.
Desperté enseguida, con un nervudo dolor corporal, como si me hubiese caído un descomunal peso encima, y el dolor de cabeza no demoró en llegar.

Tercera visión:
Me rendí y me despojé de todo pensamiento contrario que me llevase a negar la realidad de los raros sucesos, por los que mi pobre mente había pasado –no obstante, después de todo, cómo saber lo que es real, si hasta de la vida misma, a veces se duda de su veracidad–. Pero, eso no me impedía estar en un profundo estado de confusión, repleto de la variación de rarezas que tenía entre mis recuerdos, que jamás se eliminarían de mi pasado. Estarían firmes, sin desvanecerse, entre aquellas visiones que había vivido y que aún no habían terminado. Sabía que todavía hacían falta más cosas por ver, y quizás podrían ser pocas, sin embargo todo esto no acabaría hasta que no le hiciese caso al ser y me entregase a aquello, que tanto mencionaba como la “la verdad”. Decidí entregarme al destino, y rendirme por completo, ya no había causas para resistirme, y cada vez más la ansiedad y el desconcierto, me incitaban a saltar hacia la decisión que ondeaba en mi cabeza con frecuencia, penetrando y tergiversando mi calma.   
En la próxima visión que tuviese me entregaría, sin reproche alguno; deseaba acabar con esto, sin importar el desenlace que ocasionará la decisión que iba a tomar. Ya no había más miedo, solo el huroneo sentimiento y la sed de auscultar las ideas y sabidurías de aquel ser, que me hablaba en el extraño mundo de las visiones.  
En cuanto llegó la tercera visión, no me altere ni sorprendí para nada, esta vez no me había tomado despistado, pues la estaba esperando precavido y ávido.
De nuevo: el mundo entero ante mi visión, poseía una percepción periférica tan extensa que podía ver hacía cualquier lado, en una portentosa vista  de 360 grados; todo el círculo y todo alrededor. La sociedad donde vivía, y todas las partes del planeta, recreadas una vez más.
En cuestión de instantes me alejé del planeta, pero no por voluntad propia; me habían alejado y estaban controlando mi vista, como si me quisiesen mostrar nuevas perspectivas. Quién más habría de ser, sino el singular ser dominador de aquel mundo, era demasiado obvio.
Ahora, mi visualidad era mayor, todo el universo frente a mí, incluso los demás universos extranjeros existentes en nuestro mundo; tenía un vasto e incomprensible multiverso cruzando frente mis “ojos”, y digo ojos, entre comillas, por culpa de la grandeza surreal de la ocasión, que me llevaba a un dilema que ponía en duda todo lo que conocía hasta ese momento. Parecía sacado de una película de ciencia ficción todo lo que estaba viendo, pero, esto, ¡era real! Ya no me quedaba duda de nada, todas las “visiones” o “sueños que habían tenido” eran completamente reales, en una manera rara, dudosa e incomprensible, pero real, completamente verosímil, que no le quede duda a nadie.
El mundo entero comenzó a temblar en cuanto la voz surgió, y esta vez, venía acompañada de una composición física. Al fin había un cuerpo visible al cual adjuntar aquella predominante y sobresaliente voz. Para mi desgracia y emoción, la figura superficial no estaba completa, solo podía verle desde los pies hasta el cuello; donde se suponía que debería haber una cabeza, en lugar de ello, se encontraban una exorbitante y llamativa luz, la cual impedía saber si el personaje poseía un cráneo o algo similar en esa zona. Y antes de que el singular personaje juntara las silabas iniciales para formar sus primeras oraciones, me había entregado y dejado conducir mi alma hacia él; quedando a metros de distancia de su cuerpo. Mi escepticismo, materialismo y cualquier otro pensamiento que me hiciese dudar de las cosas, que niegan todo aquello que fuese más allá de lo natural y humano, habían desaparecido, junto con todos mis pensamientos y filosofías. Ya todo eso había perdido sentido, ni siquiera la vida tenía ya importancia o significado alguno; pues ya no me encontraba allí. No estaba en un lugar celestial o perteneciente a alguna religión, como un purgatorio, cielo, zona habitada por muertos o cualquier otra idea similar; todas esas hipótesis descabelladas no se asemejaban con esto, este sitio iba más allá que cualquier cosa que el hombre pudiese llegar a imaginar.
Al pronunciar las primeras palabras, el ambiente y los universos empezaron a mutar sus colores y formas, poco a poco iban tomando aquella apariencia que tenían en mi visita anterior, pero sin llegar por completo a dicha forma tan estrecha, donde la materia se acumulaba en una enorme masa universal; quedando con al menos con algo de color que alcanzaban a permitir diferenciarlos.
–Hago parte de ti, al igual que tú haces parte de mí, así como el mundo material que presencias en cada momento de tu ingenua y poca madurada existencia. Crees estar despierto, mas tienes los ojos cerrados, y han estado así durante largo tiempo. Tiempo, el cual, es irracional e inexistente a partir de ya. Habéis hecho lo correcto, te entregaste a la verdad, y con ella irás a dar. Todo lo desconocido que hace parte de tus pertenencias, lo conocerás y empezaras a hacer uso racional de ello.
El discurso fue interrumpido por un aturdimiento en el espacio, el cual, el mismo ser había creado. El terremoto era intenso y parecía que las cosas fuesen a explotar, por un segundo creí que iba a ver un segundo Big Bang. Con los nervios elevados, aunque, con la concentración prestada en absoluto solo al ser, me hallaba en la espera de lo que ocurriría.
La luz que estaba situada sobre el cuello, en la cabecera del ente, se había intensificado, haciendo más fuerte su brillo; si hubiese tenido una vista simple, por debajo de la que poseía ahora, estoy seguro que hubiese quedado ciego para siempre; por fortuna, ya estaba en niveles más altos al poco evolucionado e imperfecto ser humano. Tal parece, que mis cualidades, se habían alejado de las de un hombre común.
El enorme resplandor, se dividió en dos, rodeando la zona craneal del que se le desconocía su cara. Estaba desvelado frente a mí el rostro de aquel dios, y digo dios, porque frente a mí y todo ser humano, era digno de ser llamado así. Mi sorpresa fue mayor y la confusión se expandió más al ver el rostro del ser, del dueño de la profética voz.
Ese rostro… era mi propio rostro. El ser al que estaba admirando y había creado tal maravilla en el entorno, poseía mi mismo rostro, mismos labios, ojos, nariz, mejillas, igual región orbitaria, frontal, infraorbitaria…, cada una de las pequeñas zonas de mis facciones conformadas por átomos, eran iguales en absoluto, era una réplica perfecta de mi cara.   
No soy una réplica, soy tú la deidad podía leer mis pensamientos.
Mi mente ahora sí estaba perdida en un éxtasis de sabiduría y una excepcional vista. Me costaba asimilar la situación, esta vez me había confundido aún más, pues el ver ese rostro me había palpado y petrificado hasta niveles inimaginables.  
–Agdram, no temáis. Has logrado llegar hasta donde mí, has conocido la verdad, yo soy la verdad. Esta es la realidad, todo lo que divisas en este momento, todo lo que se halla a tu alrededor, el universo, el cosmos infinito que penetra en partes inalcanzables por el hombre, es creación tuya. Tú eres el dios encargado de darle molde y forma a todo. Lo único real en este momento, somos tú y yo. Soy Deuductus, el dios, ser y amo de la realidad, el encargado de observar el correcto funcionamiento de tu mente durante la creación y desarrollo del mundo. Lo único que se escapa a tu cerebro soy yo; por ende debo ser solo yo quien es capaz de revelarte la visión correcta de todo. Una vez llegas a tu madures mental, mi deber es expandirte hasta la sabiduría absoluta de todo, pues no serías capaz sin mi intervención. Al conocer la realidad, conocerás el mundo completo, que tú creaste y no creerías posible que fuese tan amplio y exorbitante. Lo cierto es que un ser de tu especie jamás sería capaz de darse cuenta por sí solo, estando en su estado de ignorancia, sin lograr conocer por competo, no solo el extenso cosmos que él mismo moldeo, sino también, los conceptos de todas las culturas, ciencias y leyes que se desarrollar durante el sueño de este. Has abierto los ojos. Y por ende, todo cambiará a partir de este momento. Conoces la verdad, y debes adaptarte a ella. Ya que saliste de la ignorancia y conoces tu poder extraordinario, debes controlarlo a la perfección.
Entré en un estado de terror mayor, al sentir cómo estaba siendo atraído por Deuductus, hasta que nuestros dos cuerpos se combinaron en una sola materia, en un solo ser; junto con las estrellas, planetas, galaxias, universos y demás cosas que tuviese lugar en el cosmos; todo se fusionó en un solo cuerpo, esta vez siendo atraídas por mí. No sabía cómo era eso posible, aquella fuerza de atracción proveniente de mi cuerpo no era espontánea; sabía que era obra de Deuductus. La enorme bola en la que había sido reducido todo el mundo giraba alrededor de mi órbita, incrementando cada vez más su velocidad, hasta explotar y sus cenizas se comprimieron en mi cuerpo. El brillo que estaba junto a mi cabeza se expandió descomunalmente volviendo todo el ambiente de su mismo color, cegando todo con su expansión.  
Al recuperar la vista, pude verme, de alguna manera inexplicable, a mí mismo, desde una perspectiva en tercera persona. Estaba flotando en un espacio infinito y vacío, tras periodos de tiempos cortos, una voz se coló entre el silencio, irrumpiendo en mis oídos. No era la misma voz  poderosa, era menos imperiosa.
–Esta será la última vez que me volverás a oír, debido a que, ya no me necesitas, ya alcanzaste el mayor escalón de la sabiduría existente en todo tu mundo. En este momento, habitas en una nada infinita, al haber abierto los ojos debes volverlos a cerrar nuevamente, pero esta vez, sin desconocer la verdad. Todo lo que presenciaste quedará en ti, aunque debes tapar tu visión, para lograr repetir el bucle existencial de la vida imaginaria, que es una existencia onírica de cada creador. Es así el ciclo universal, debes volver a crear vida, debes volver a recrear todo de nuevo, pero esta vez con una percepción mejor. Al poseer mayor poder y sabiduría, la obra de arte quedará semiperfecta esta vez, y deberá ser así hasta que alcances la perfección. Destruirlo todo cuando te des de cuenta que no logras llegar hasta las expectativas deseadas, para empezar de nuevo con mayor experiencia, hasta lograr alcanzar la perfección que solo un dios como yo lograría obtener. Pues debes reemplazarme, yo ya no podré intervenir entre tu mundo y tú, puesto que, mi labor, que era dotarte con el poder del conocimiento y alejarte de las cuevas de la ignorancia, lo he cumplido. Debes llegar a superarme, creando aquella perfección mencionada.
»Imagina que eres un universo, y cada persona exterior a tu mundo es otro universo, personas las cuales no conoces ni podrás conocer, que jamás llegarás a imaginar. Tu mente no podrá alcanzar a recrear una imagen que se acerque a ellas, pues alteraría el orden de la realidad; y además son inexistentes ante tu imaginación. Existen distintos seres, dueños de diferentes mundos, así como tú. Cada individuo debe llegar a esta verdad, para lograr embarcar su búsqueda del mundo perfecto creado por ellos mismos, y al igual que a ti, debo abrirles la mente y mostrarles la realidad, de que realmente nada existe si no fuese por ellos mismos. Cada uno se alberga en distintos lugares, a los cuales solo se puede viajar por medio de transportación, y ninguno tiene esa dicha; solo yo. Ninguno puede penetrar el espacio imaginativo de los demás; solo al alcanzar la perfección, tal y como yo. De cierta forma, eres un dios, en tu propio ambiente, el cual nadie más tiene derecho a tocar y alterar, más que tú o yo. Has sido bendecido con grandes gotas de imaginación, las cuales pueden dar pinceladas al surgimiento del enormes multiversos, de los cuales eres dueño. Pero, yo soy más supremo a cualquier ser distinto a mí que logre crear su propio mundo, después de todo, los habitantes del mundo de tu mente, existen solo gracias a ti, pero tú y todos los pintores que recrean universos en su espacio mental, existen gracias a mí. Yo soy quienes los acerca a la perfección y los lleva hasta la sabiduría, alejándolos de la ignorancia. Ahora, Agdram, solo guarda silencio, y no hables más que con tu mente. Y, cierra los ojos, ciérralos e imagina.
No pude percibir el cuerpo de Deuductus esta vez, y su voz entre la nada se perdió; solamente me oía a mí, mas no tenía labios qué mover para ello, hablaba mediante mi mente. Cerré los ojos y comencé a intentar imaginar. Un nuevo mundo, mejor que el anterior, estaba surgiendo, en el infinito espacio que dominaba solo yo, albergado solo por la nada. Con la ayuda de mi mente, comencé a moldear esa nada. Un átomo se originó, lo fui expandiendo y me encargué de explotar aquel átomo, e inicié con el lento desarrollo de pequeñas partículas, e irlas juntando y dar paso a cuerpos cósmicos: asteroides, planetas, estrellas y distintos universos. Un nuevo mundo estaba surgiendo, y era yo el encargado de su construcción –similar que antes–. En esta ocasión era consciente de ello, y ahora sería mejor que el anterior.
Cada mundo es distinto, pues lo crean mentes diferentes. Resulta imposible al individuo adivinar la forma de los demás mundos. Por lo que, es cierto que hay más seres como yo, solo que se escapan de mis hipótesis e ideas, así como yo de las de ellos. A excepción de mi maestro, Deuductus.     


FIN.

Si desea oír esta historia narrada en vídeo, puede hacerlo haciendo click aquí.



1 comentario: