EL ADIÓS EN EL CEMENTERIO
Debajo
de la fría lluvia de invierno, entre nubes grises y fuertes tormentas que expelían
rayos que pareciese que fuesen enviados desde los cielos con una inmensa ira,
los cuales generaban fuertes truenos con un sonido retumbante y ensordecedor,
se podían contemplar relámpagos llenos de un gran brillo. El cielo retumbaba
lleno de tristeza, pero no más triste
que los dos amantes que no alcanzaron a decirse adiós. Entre llantos y lágrimas
desordenadas, que caen descomunalmente por su joven piel, con expresiones que
solo pueden transmitir tristeza y lamentación, cerca de una superficie de
madera, se halla él, recordando todo lo bello que había vivido con ella, con su
bella amada, la cual probablemente no podrá volver a ver; sin embargo, desea observar
y tocar su bello rostro por última vez. Aún puede oírla, siente aquella voz
dulce que le recordaba a un hermoso amanecer lleno de paz y felicidad. Logra escuchar,
en un tono bajo, la voz de su amor. Con todas sus fuerzas intenta escarbar la tierra, para dañar y destrozar ese
ataúd. Aquello es lo único que lo separa de su amada, pero ya es muy tarde.
Deja de oír la voz de su dulce doncella, después de minutos de intentos por
llegar hasta ahí siente como se va alejando, y finalmente como aquella suave
voz se apaga. Muere en un intento en vano de poder verla por última vez, ya sus
fuerzas no dan para más, completamente agotado y con las uñas dañadas, y,
quedándose sin respiración, cierra sus ojos entre lágrimas dentro de esa caja
de madera bajo tierra acompañado solo de su cristo de marfil situado sobre el
ataúd. Lamentablemente, su esposa abandona el cementerio antes de él poder
lograr salir de ahí.
FIN.
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