sábado, 20 de mayo de 2017

La irracionalidad del Genio


Ray estaba de viaje, a través de las extensas selvas de Colombia. Su curiosidad y deseo de asombro lo habían conducido hasta esas enigmáticas y majestuosas zonas, llenas de esplendidas maravillas.
Caminando, vio una estrella fugaz cruzar el firmamento, que se estrellaba contra las aguas del norte. Minutos después, algo bajó por la cascada. Se detuvo ante el río y se metió a bañarse. Allí, vio un amarilloso objeto pasar, arrastrado por la corriente. Imaginó que aquello hacía parte de las cenizas del cuerpo cósmico. Llamó su atención y nadó hasta él. Cuando lo tomó, al instante, su cerebro le dijo que se trataba de un cofre. Se sintió confundido e inquietado por aquella rareza que había caído en sus manos. Volvió a la orilla para estudiar mejor su descubrimiento.  
El cofre era de oro en su totalidad. Cada una de sus partes relucía y tenía diversos dibujos gravados. Estaba empolvado. En su parte frontal estaba gravada una oración, igualmente cubierta. Sopló, pero el polvo no se fue; seguía ahí, eclipsando la belleza del metal. Le pasó el dedo con fuerza y entonces se dispersó del gravado, dejando ver el mensaje tallado. Esperó varios minutos y ningún cambio ocurrió. Inclinó más su cabeza, para leer las letras dibujadas sobre el oro. Era un lenguaje extraño, ajeno a cualquier idioma del planeta. Aun así, lo leyó, sin saber si la pronunciación era la correcta.   
“Mlhl, yl rl lmvlcl; dlL fl rsl vljl e stllndlml”.
En cuanto ultimó la silaba final, el suelo comenzó a temblar y el cielo parecía que fuese a desplomarse sobre sus hombros. La caja tembló con tanta intensidad que se le cayó de las manos, hasta tocar el monte; luego se abrió por sí sola y explayó un intenso brillo. De entre ella, pudo ver cómo iba elevándose un brazo, luego otro, hasta salir toda una figura, similar a un humano; sin embargo, Ray sabía que aquello, emigrante de entre las profundidades de la caja, no podía ser un hombre. Se asustó, sus ojos se pasmaron en una mirada de horror, debido al inesperado e inusitado momento. Cuando iba a correr, su cuerpo se petrificó, obligado a quedarse en su sitio, sin poder objetarse, tan solo rogar por su suerte.
El brillo cesó y pudo contemplar a aquel (o aquello), que estaba delante de él, habitante del singular objeto, que salía hoy de sus penumbras, abrumándolo por la exasperación que generaba su manifestación.  
–Mucho gusto, nuevo amo. Pídeme lo que desees y lo conseguirás; pídeme lo que quieras y te lo daré; pídeme lo que se te antoje que yo te lo concederé. Soy Alogos, el genio –la voz que le habló pertenecía al cuerpo que había aparecido al irse la neblina y cesar la vibración del suelo y del firmamento.
La confusión llegó a Ray y el ser se percató.
–Te noto confundido; ya es algo habitual. Soy un genio, te concederé tus deseos.
–¿En verdad eres un…? Pues…, dime…, oh, excepcional mago, ¿cómo es posible que tengas el solemne y fantástico don de la omnipotencia?
–Una… ¿omni qué?
–Omnipotencia; es decir, que eres capaz de hacer cualquier cosa. Ya que puedes concederme lo que te pida, entonces puedes hacer lo que sea. ¡Eres un ser de tal clase y cómo es posible que no comprendas esa palabra! Tu experiencia debería de haberte dado un vocabulario y sabiduría extensa.  
–Pues, ahí está aquello que me hace diferente y anormal. Verás, cuando llegué al mundo, se me dio el papel de genio, mas no la racionalidad. No tengo sabiduría más allá de la que conocí por mí mismo, y la que, no sé cómo, llegó a mí; simplemente… es, como si todo lo que supiese ya estuviese en mí antes que yo mismo. Además, no recuerdo con exactitud mi nacimiento, creo que siempre he existido y no tengo principio ni final. Soy genio y hago esto porque la naturaleza me lo dicta; es lo que me indica mi espontanea naturaleza, es mi labor y nada más. Por ende, hay muchas cosas que no sé definir; mis poderes son los que me permiten darle al amo lo que pida.  
–Eso quiere decir que, sin intención de ofender, eres un estúpido y conformista.  
–No tengo la oportunidad de ir más allá. Una vez lo intenté pero mi naturaleza me frenó. Al menos, yo por mi cuenta no soy capaz de rebasar la espontaneidad. Sin embargo, pide cualquier cosa y, lo conozca o no, daré la orden y a tus manos llegará.
–Comprendo. ¿No hay nada que puedas hacer para salir de tu ignorancia?
-No creo. Ensayé y no lo logré.  
El hombre continuó dialogando con el genio, mientras caminaban, siguiendo la corriente del río. Por cada respuesta torpe que recibía, le corregía o explicaba al genio.
–Si no recuerdas tu creación, al menos ¿eres capaz de decir cuál es la imagen más antigua que tienes de tu pasada? ¿O tu primer amo?   
–Déjame adivinar… ¡Oh! Sí, fue en un lugar donde la gente vestía con túnicas blancas. A un anciano, de tez blanca, con cabellera y barba canosas, que se unían por la zona de las patillas, quedando con pelo solo por los lados, cerca de las orejas y su cima calva, y con la barba larga. Su nombre empezaba por la “S”. S… So… No tengo tan buena memoria. Eso es lo más viejo que colecciono en mis recuerdos.        
–Y, ¿qué es lo que más frecuentan solicitarte?
–Los hombres con los que me he topado, muchos suelen querer lo mismo: unos me piden poder, otros conocimiento extenso, otros amor, otros riquezas, mujeres; otros me piden paz, saciedad, extinguir diversas cosas, como pobreza, violencia y demás. A veces me insisten por cosas relacionadas a algo que llaman “bien” y otra cosa que llaman “mal”. Suelen considerar a eso que conocen como “bien” lo más afable y justo, y al otro lo desprecian. Para mí los dos son lo mismo, no diferencio entre ellos más allá de sus nombres; de todos modos, ustedes son los que deciden qué valor, concepto y características ponerles a las cosas que presencian, por lo que ustedes entenderán porqué quieren más a uno que al otro. Yo –repitió–, aunque no tenga completo saber sobre lo que se me implora, lo puedo conceder con solo oír la palabra. Funciona involuntariamente en mi cuerpo eso.  
–Y tú se los concedes sin cuestionar. ¿No es así?
–Por supuesto; ya te expliqué que ese era mi función. Por ejemplo, el individuo del que te hablé, me imploró el conocimiento completo de todo el mundo, de todo lo existente e inexistente…
–A eso le llaman “omnisciencia” –le interrumpió Ray.
–Oh, bueno, espero recordarlo. Y, en su efecto, cedí mi poder a su petición y con ese único deseo quedó satisfecho, entonces me fui, camino a un nuevo amo.  
–Es decir que ¿también le has concedido a otros, cosas como la inmortalidad o conquistar el mundo?
–Así es.
–A ver; no comprendo. Existe algo que se llama “historia”, que es la recolección de todos los hechos sucedidos en el pasar del tiempo. Y los actos más importantes y destacables quedan enmarcados en la historia, por lo que, si aquellos hombres les concediste tales privilegios, ¿por qué nunca se me ha hablado sobre ellos, o se ha registrado a “el hombre que lo sabía todo”, o “el hombre que dominó el mundo”?
–Es que no son los acontecimientos de la historia en general, es tu historia…, la historia que abraca tu existencia.  
–¿Eh? –dijo Ray, confundido a granel.  
–Te explicaré (algo que he tenido que hacer con muchos): existe algo llamado “el Xéiron”, o “lo principal”, que es una existencia objetiva, la historia general como la conoces tú y cada persona. Al alguien pedirme un deseo que altere aquella realidad objetiva, debo de concederle su deseo de manera que no se interponga con el ciclo natural del Xéiron. Y, por ende, para poderle ceder su anhelo, se crea una realidad alterna, donde el individuo obtiene su deseo, sin interrumpir el Xéiron. Y en aquella realidad nueva, su vida, su existencia y su historia se desarrollarán teniendo en cuenta aquel cambio anormal que provocó su petición. Esto se hacer porque el Xéiron no puede mutar por algo ajeno a él; es imposible, aunque, si esto llegase a suceder, todo lo existente se desplomaría, debido a aquellas modificaciones anormales, ajenas a la naturaleza de Lo principal. Hasta ahora no hay ningún mortal ni dios que logre tal cosa. Pues el Xéiron es la cuna de todo; es la el origen de la realidad, de la creación, de la existencia, de la inexistencia y de lo irreal; es el origen y líder de todo. Y si aquel Todo es cambiado, habría un cambio que podría dar paso a una colisión universal.   
–Es decir que, ¿al pedir mi deseo, la vida dejará de ser como es, para pasar a ser una ilusión?
–La vida no siempre será una ilusión, pues nunca la comprenderás a la perfección. No hay sentido en que te ayude a ello, puesto que, la vida es como tú crees que es, como la moldeas. Ni siquiera con la razón llegarás a estar cerca de entender y conocer por completo el Xéiron. No temas si se creará una alternación, donde podrás tener el deseo, seguirá siendo una ilusión, solo que la interpretación será a tu gusto y podrás alterarla más de lo norma.  
–Algo que no sintetizó en mi cabeza es, si eres irracional, privado de muchos conocimientos e ignorante, ¿cómo es que eres capaz de decirme todo esto, siendo algo muy confuso y tedioso para muchos y más para alguien con poco saber?
–Como te expliqué antes, hay ciertas cosas que no me abandonan; hay cosas que ya estaban en mi cabeza sin que yo sepa cómo o porqué. Este discurso es algo que le he dicho a todos mis amos, es algo que está entre mis labores, es algo que no sé cuándo llegó, pero que no me abandona, sin importar mi inexperiencia o desconocimiento exorbitante.   
Ray asintió con la cabeza. Todavía no digería en su totalidad las palabras, empero, su cerebro ya estaba trabajando en la simplificación e interpretación de aquella novedad oída. No hablaron más, solo se quedaron contemplando el cielo, mientras que él pensaba en lo enorme que era el mundo y lo extenso que era la mentira, que podría romper todas esas falacias y saberlo todo…, que pediría eso al genio. También, si el genio estaría pensando o imaginando mientras veía el éter a su lado. Cuando interpretó toda la información dada por aquel ancestral ser, el sueño cubrió sus ojos y en el paraíso onírico comenzó a moldear todo lo sucedido en ese singular día.
Al día siguiente, cuando se saludaron, Ray fue a bañarse y comer. Después, el genio le preguntó por los deseos que iba a pedir, ya que no lo había hecho.
–Bien, ¿ya te decidiste? ¿Ya sabes qué pedir?
–No lo sé.   
–Piensa, qué es lo que os suplica tu mente.
–Creo que sí, aunque estoy indeciso. Dime, Alogos, ¿qué pasa cuando me concedas mi petición? ¿Desaparecerás?  
–No al instante, pues está claro que deberé irme en algún momento. Una vez el amo haya pedido y quede satisfecho con los resultados, yo me iré, regresando al interior de la caja, donde yaceré hasta que caiga en manos de otro.  
–Se oye muy estresante esa tradición. ¿Me concederías mi petición aun así te altere a ti?
–No comprendo bien. Pero sí. Cualquier cosa que pidas, desde que no sea modificar el Xéiron, pues, eso quedará en una desviación de la línea de tiempo de la realidad.  
–¿Te gustaría adquirir sabiduría? Poder tener acceso a la razón.
–Es algo que me inquieta, y jamás he conseguido. Sin embargo, cuando llegué a la existencia, otra cosa que vino conmigo, además de los poderes y mi lugar en el mundo, fue la primicia de que no es conveniente que posea tal cosa. Podría terminar igual que un humano cuando adquiere pensamiento y poder, pasando de la razón a lo irracional y el desenfreno. No entiendo bien eso, solo sé que me dice una voz del cerebro, que es así y es lo que debo hacer. No obstante, usted puede pedir cualquier cosa. 
Ray meditó, suspirando, debido al dilema en el que estaba, hasta tomar una decisión. Lleno de arriesgada convicción, eludiendo el pensar sobre lo que dijo el genio, porque lo veía como algo incierto, le pidió:
–Deseo que tengas uso de razón y conocimiento; salid de esa ciega ignorancia, genio.
El ser alzó los brazos y de la palma de sus manos escapó un polvo gris que rodeó toda la atmosfera. Posteriormente el subsuelo comenzó a sacudirse y quebrarse, separándose las placas tectónicas. Ray abrió la boca asustado por la alteración del entorno.
–¡Estamos dando paso a una desviación de la realidad! La realidad alterna que elegiste.
Alogos cerró la boca y luego los ojos de Ray fueron impactados por una fuerza imperceptible y descomunal que lo privó.
Tiempo más tarde los ojos volvió a abrir, tras aquel estruendo y sueño. 
–Hola, amo. Debo darle las gracias, jamás alguien había pedido algo para mí. Es usted el primero en hacer tal obra de solidaridad. Le estoy muy complacido por su acto de compasión.
Ray inclinó la cabeza y le indicó que esperaba que su vida mejorase ahora que era consciente del saber.
–Claro; ahora comprendo todo de lo que soy capaz; por primera vez he descubierto lo que puedo llegar a hacer, soy consciente de mis cualidades.  
–¿Cuándo te vayas, perderás tu racionalidad y volverás a la ignorancia?
–Me temo que sí. No quiero que eso pase; aunque no me iré hasta que usted no esté complacido.
–Pues creo que conque tu estés así con ello me conformo.  
–Quizás en el fondo no lo está, o quizás en el fondo eso en realidad no es satisfacción, o no es real y se terminará arrepintiendo, o pase algo más.   
–¿Por qué lo haría?
El genio calló y allí finalizó la conversación.
–¿Todavía puedo pedir deseos?   
–Sin duda.  
–Vale, quiero que me lleves a mi casa. Si quieres venir tú también, puedes hacerlo.
Alogos volvió a esparcir aquel polvo gris, esta vez sin hacer tales colisiones en la atmosfera; no hubo caos, solo una serena y repentina transportación.
Cuando aparecieron en la casa de Ray, este se fue a su cuarto para ir a descansar, debido a la tediosa y alucinante semana. Permitió que Alogos durmiese en cualquier otro cuarto que se le antojase.
Una vez en su cama, empezó a desempacar y se topó con la caja que encerraba a Alogos, la reparó y observó detalles en los cuales no se había fijado antes. En la parte inferior, se hallaba un escrito más:
“Tenga en cuenta que al ser cumplido su deseo se abrirán más realidades.”


Una semana después:

Dormido, Ray fue a buscar al genio y lo vio en la sala, pensativo.  
–¿Qué piensas?
–Sobre la verdad y sobre nosotros.  
–¿Qué quieres decir con eso?
–El saber… eso es; eso es lo que me aterra. No creo conseguir controlarlo, cada día aumenta demasiado, sin poderlo frenar; en una semana ya habré adquirido la omnisciencia. Pues algo tan inmenso no puede llegar tan rápido, para ello se necesita un período de tiempo para dar con todas esas ciencias y revelaciones. En mi caso, gracias a usted, me tomará tan minúsculo tiempo. ¡No lo ves! Esto es agobiante –lo cogió el genio por el cuello de la camisa–. No lo soportaré; no creas que saber es fácil. Cuesta mucho, el peso del saber, el peso de comprender que lo bonito no es cierto y que la verdad es tediosa e inefable. Lo peor es que, desde antes de obtener la omnisciencia, ya sé qué pasará después de ello. ¡No! ¡No! No quiero; por favor máteme, por mi bien y por el suyo. Haga algo porque no llegue hasta allá.    
Ray, desorientado y perdido por aquellas quejas y gemidos del desdichado genio le respondió.  
–No… no, no entiendo. Por…    
–¡No lo hará jamás! –le interrumpió, gritando-. Es imposible para una débil mente como la suya interpretar todo lo que la mía ha percibido. Se lo imploro. No hay forma de detener esto más que mediante la muerte. La muerte es lo único que puede detener cualquier zozobra, cualquier problema, cualquier cosa. Solo en la muerte es que encontraré la calma. Un ser como yo no fallecería tan sencillo como un humano, pero… ¡por favor haga algo! Sé que hay una forma de ultimarme, pues aunque no soy humano, tampoco un dios y tampoco inmortal; a menos que llegue hasta allí una vez sepa cómo, y no quiero llegar hasta allá. ¡Frene tal desarrollo!
–Detenga su cólera, no hay forma de que lo cure si no me explica los síntomas que lo tienen en tal enfermedad de cordura.   
–¡No me diga loco solo por no discernir lo que digo! No haga como aquellos estúpidos que sentencian por estúpido lo que no entienden.   
–No lo hago; lo digo porque a este paso podría terminar así, llegando a no entenderse ni siquiera usted mismo. Hable si anhela encontrar quietud.  
El genio parecía que fuese a explotar, mientras sus fosas nasales hacían raudas agitaciones y sus manos se retorcían intentando atrapar algo, intentando atrapar aquella pasividad que no tenía y que tal vez no volvería a tener.    
–¡Esta fue la peor decisión que pudo haber tomado! En estos momentos sé muchas cosas que pasarán, y entre ellas se halla su final y el de la humanidad y el del cosmos. Seré yo quien dé paso a la devastación universal. Una vez acabe todo, no sé qué más haya de pasar, pues, se escapa de mis saberes, porque después de eso lo único existente será la Nada y no hay cosa alguna que encontrarle a la Nada: todo es inexistente, no hay tiempo ni espacio, por ende, no hay nada qué conocer. Yo seré quien nos acerque allá, debido a aquella omnisciencia mezclada con el poder absoluto, ya que, he de ser corrompido por aquello. Sí, señor Ray. Ya conozco aquello que está próximo a escribirse y, por desgracia, no hay nada que yo pueda hacer. No puedo intervenir en ello, porque ya no soy yo quien me controlo a mí; ahora es mi saber, y dentro de poco, aquel saber, aquella omnisciencia, la controlará el caos generado por el poder inmenso ante el cual he de actuar (estando dominado contra mi voluntad) lleno de vileza.   
–Pero, puedes hacer algo. Podría revertir el deseo y…
–Ya no se puede.
–¿Por qué?, si aún hay tiempo.
–Porque… ya no quiero, y no quiero porque ya no hay tiempo.
Al decir eso, abrió con gran fuerza su boca y sus ojos, de donde salió  un polvo azul que elevó el cuerpo de Ray y lo lanzó hasta la ventana, cayendo desde un quinto piso.  
Lo último que Ray vería, sería al genio elevarse, con unos ojos que se asemejaban a algo ajeno al humano… a algo como a un dios… Lo último en que pensó fue que, si Alogos reaccionó de tal forma al caer en sus manos un poder tan exorbitante, dejándose corromper por él, siendo el poder quien lo dominaba a él al final, tal y como se comportaría un humano estando en su lugar, entonces había algo de humano en él, y, también, ¿por qué no?, creer que, de cierta forma, en su vida, había llegado a ser un humano y haber quedado con ciertos restos de su humanidad, incluso siendo un ser superior y por eso no pudo domar a su maldad. Pronunció sus palabras finales:
“No debí haberle concedido la racionalidad… Debí dejar las cosas como la naturaleza las acomodo; como el Xéiron las organizó…”
Cerró los ojos y escuchó los alaridos de la gente; los sonidos del caos que se desataban a su alrededor, mientras él era vendado por la muerte.
Todos se arrodillarían frente a él, frente al poderoso y omnisciente Alogos; todos lo venerarían y suplicarían por sus vidas. Había comenzado la nueva era de un dios. Pero él quería más y más; no le bastaba el ruego de los miserables hombres terrestres de aquella realidad. ¿Y qué porqué no se había acabado dicho momento si al Ray morir también debería de haber muerto esa realidad alterna? Pues porque Alogos había conseguido saber cómo alterar cualquier realidad. Por lo que se aprovecharía de su poder para alterar el Xéiron. Quería alterar el núcleo de la existencia. Su sed había ido muy lejos; mas no podía hacer nada para controlarla; no podía detener aquel frenesí que lo apresaba, valiéndose de su cuerpo como representación superficial para poder actuar. Por más sabio que fuese, era una simple materia cósmica más, que servía de guarida para aquel poder caótico que lo controlaba.   
Se transportó a la realidad original, atravesando el tiempo y rompiendo las anomalías que pudiese ocasionar. No había orden o ley que le importase o que lo detuviese; tal vez, ni siquiera el Xéiron lo frenaría.
Fue a esa realidad para causar lo mismo que había hecho tiempo atrás. Estando en el Xéiron, se elevó hasta el firmamento, en el centro del planeta y gritó con voz predominante, que se escuchó en todo el planeta:
–¡Ha terminado el ciclo “Alogos”; ahora comienza el ciclo de “Logos”! ¡Pues soy un nuevo ser!
Ocasionó una gran colisión y alud de aquel polvo azul, cubriendo todo el planeta; luego, brillantes relámpagos rodearon todas las zonas del planeta, incluyéndolo a él. Se alejó de la Tierra y se posó sobre el Sol, mientras veía cómo se derrumbaban los continentes, quedando solo agua y después el planeta explotaba. Hizo eso con el sistema solar y, finalmente, se posó en el punto más central del universo, para ulular, provocando una sonoridad que llegó a retumbar en todas las partes del cosmos y atravesar los multiversos, siendo oído en cualquier universo existente.   
–¡Yo soy aquel ser incontrolable! ¡Aquel único, capaz de alterar el Xéiron! Pues no hay anda que me detenga. 
Después generó un gran estallido que se extendió por el multiverso, hasta cumplir con lo que le advirtió y prometió a Ray: la destrucción de Todo, causada por él, hasta llegar a una Nada que no podría manejar, porque no había forma de saber qué pasaría después de eso.
Y así fue: todo quedó rodeado por la Nada, dejando de existir el tiempo y el espacio, hasta el mismo Logos. Muriendo él, su poder, el cosmos, el multiverso y todo lo existente y hasta lo inexistente.

FIN.

Fuente de donde fue sacada la imagen usada en este relato.

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