sábado, 17 de junio de 2017

Relato 28: "El canto de Zandari"

El joven Zandari tomó su guitarra, sonriente y melancólico a la vez; sombrero agarró y elegante se vistió para a todos impresionar –y por todos, entiéndase que son dos individuos, los cuales le importaban mucho más que el resto del mundo–. Pisó el césped del parque y desde lejos los reconoció, allí, sentados junto a la fuente. Los besó a cada uno y entonces se sentó al lado. La guitarra sobre su rodilla, sonriente tocaba, y el canto florecía. El concierto comenzó con la canción favorita de los tres y continuó con diversas sonoridades de balada que les recordaban a antiguas épocas, febriles y felices. No despegaba su mirada de los luceros de sus fanáticos y el concierto seguía y seguía. Esa bella mujer y aquel inmaculado pequeñín se divertían mucho, quizás no se lo demostraban a Zandari, pero él no necesitaba verlos para saber que sus almas se sacudían dichosas al ritmo de la canción.   


El sol pisó el firmamento y entonces el espectáculo se acabó. Se despidieron y cada uno volvió a la triste cotidianidad, esperando anhelantes el nuevo anochecer, para el viejo Zandari poderles cantar y con la melodía de su guitarra revivirlos, sin importar que no pudiese comprobar la asistencia de aquel par que ama su canto y su melodía, como cada día desde la fecha luctuosa, pues ni siquiera la muerte es capaz de detener el canto de Zandari.  


FIN.

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