sábado, 8 de abril de 2017

Relato 17: "Stellatum"



Aquel que, semejante al dios Apolo, hiere desde lejos. Estando en su morada, ubicada a largos años luz, en algún lugar insoñable del espacio-tiempo, ataca con su arco inmaterial, flechando en la paciencia de su víctima, perturbando hasta al más audaz de los hombres. A lo lejos él observa y actúa, a lo lejos duerme, siempre de ese modo. Cuando lo desea, puede acercarse, pero lo hace mayormente cuando se presenta en persona; para que aquel esclavo de los recuerdos conozca y aprecie el tridimensional rostro de su dueño, del dueño de todo ese dolor que sembrará en su ser desde que el desdichado tiene la desgracia de toparse con la mirada del torturador. Allí es el umbral de lo irracional; donde termina lo inalterable y se materializa lo anormal; donde se da el toque de queda y la pena de muerte a la poca tranquilidad que le queda al pobre, desahuciado de cualquier sentimiento de piedad por parte de la sociedad. En la noche, cuando se puede divisar a Stellatum, el fundador de aflicciones (Stellum en el antiguo idioma Celrror),  sin importar el montón de unidades astronómicas que hayan de distancia desde la morada del inhumano hasta el cuerpo cósmico en el que habita la víctima, es cuando el malaventurado contrae el encuentro con la maldad y la esclavitud, cayendo como rehén a una vida de rememorar las zozobras del ayer, que pasaran a dictar el orden del mañana, siendo la vida un bucle absurdo, donde lo único que tiene sentido es el dolor.
De nada vale suplicar u orar por salvación cuando Stellatum decida atacar. Cuando este inaugura la galería de nostalgias en el desgraciado, no habrá forma de cesar tal caos de aflicción, solo la muerte podría otorgar paz en un caso así. Aunque, el ser humano, al desconocer lo que se haya más allá de toda definición mundana, no puede afirmar si Stellatum no lo seguirá hasta después de fallecer. Hasta en la inexistencia podría haber desasosiego. Stellatum atraviesa lo surreal, y no hay forma alguna de eclipsar sus decisiones sobre aquel en que fije aquella odisea de recuerdos.
Cada día, en cada milisegundo, se encuentra torturando a alguien inferior a él, siendo los terrícolas sus presas preferidas. Aquellos megalómanos  y desahuciados arrogantes son los que más lo satisfacen; las insignificantes criaturas, que están perdidas en este mundo sin ayuda alguna más que ellos mismos, valiéndose de la interacción social. Sin embargo, eso no es suficiente; Stellatum es mucho mayor que la humanidad junta en una sola, desde cualquier punto que se interprete; sea en fuerza, mentalidad, energía, etcétera.
A lo lejos, en una galaxia imperceptible por los mortales, donde termina nuestro universo y comienza uno nuevo, siendo la estrella que da orden a un extenso sistema planetario, está situado él, iluminando radiante y nervudamente. Con gran intensidad, a diario se alimenta de radiación cósmica y se vale de los sentimientos tortuosos que infunde en sus títeres para crecer. Cuando alcance un tamaño colosal, al ser una estrella inusual, explotará en una supernova. Una explosión tan desmesurada que parecerá una bomba universal; mas esto no ocasionará daños físicos al espacio-tiempo. Al menos no durante los primeros años. Sus cenizas se esparcirán por cada uno de los sectores del inmenso cosmos, quedando así en cada parte del universo una porción de Stellatum, para después este llegar a convertirse en el universo mismo. Lo que quiere decir que todos los habitantes, vivirán en el crecido cuerpo de Stellatum. El espacio-tiempo pasará a entrelazarse con dicho ser y se harán uno solo, por lo que, al vivir en Stellum, se vivirá en la desgracia, la nostalgia, el sufrimiento y la desdicha. Esto afectará en gran parte a los seres inferiores a él, de los cuales se valdrá para satisfacer su ego y, en un acto irracional y soberbio, buscará a extenderse, sin poder dar respuesta a la incógnita sobre el resultado al chocar con otros universos y llegar a rebasar grandes límites. Un ser como él, llegando a tale niveles, lograría dar fin al multiverso completo, ocasionando así la conclusión del mundo que los antiguos dioses crearon y en el que yacen, incluyéndolo a él.
Quedan muchos años para eso, no obstante, el crecimiento de Stellatum no se detiene. Por el momento solo yace, orbitando a muchos cuerpos cósmicos. Desde su morada, en la galaxia inimaginable se alimenta, desde su morada en el espacio-tiempo, formando parte de las lejanas estrellas. El guiador de los planetas fronterizos, el conocedor absoluto del pasado, allí se alimenta, esperando, hasta el día en que su saber de antaño, le otorgue la expansión que provoque la reducción de la quietud de los inferiores a él, quedando como el máximo soberano del Todo.


FIN.

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