Aquel
que, semejante al dios Apolo, hiere desde lejos. Estando en su morada, ubicada
a largos años luz, en algún lugar insoñable del espacio-tiempo, ataca con su
arco inmaterial, flechando en la paciencia de su víctima, perturbando hasta al más
audaz de los hombres. A lo lejos él observa y actúa, a lo lejos duerme, siempre
de ese modo. Cuando lo desea, puede acercarse, pero lo hace mayormente cuando se
presenta en persona; para que aquel esclavo de los recuerdos conozca y aprecie
el tridimensional rostro de su dueño, del dueño de todo ese dolor que sembrará
en su ser desde que el desdichado tiene la desgracia de toparse con la mirada
del torturador. Allí es el umbral de lo irracional; donde termina lo inalterable
y se materializa lo anormal; donde se da el toque de queda y la pena de muerte
a la poca tranquilidad que le queda al pobre, desahuciado de cualquier
sentimiento de piedad por parte de la sociedad. En la noche, cuando se puede
divisar a Stellatum, el fundador de aflicciones (Stellum en el antiguo idioma Celrror), sin importar el montón de unidades
astronómicas que hayan de distancia desde la morada del inhumano hasta el cuerpo
cósmico en el que habita la víctima, es cuando el malaventurado contrae el
encuentro con la maldad y la esclavitud, cayendo como rehén a una vida de
rememorar las zozobras del ayer, que pasaran a dictar el orden del mañana,
siendo la vida un bucle absurdo, donde lo único que tiene sentido es el dolor.
De
nada vale suplicar u orar por salvación cuando Stellatum decida atacar. Cuando
este inaugura la galería de nostalgias en el desgraciado, no habrá forma de
cesar tal caos de aflicción, solo la muerte podría otorgar paz en un caso así.
Aunque, el ser humano, al desconocer lo que se haya más allá de toda definición
mundana, no puede afirmar si Stellatum no lo seguirá hasta después de fallecer.
Hasta en la inexistencia podría haber desasosiego. Stellatum atraviesa lo
surreal, y no hay forma alguna de eclipsar sus decisiones sobre aquel en que
fije aquella odisea de recuerdos.
Cada
día, en cada milisegundo, se encuentra torturando a alguien inferior a él,
siendo los terrícolas sus presas preferidas. Aquellos megalómanos y desahuciados arrogantes son los que más lo
satisfacen; las insignificantes criaturas, que están perdidas en este mundo sin
ayuda alguna más que ellos mismos, valiéndose de la interacción social. Sin
embargo, eso no es suficiente; Stellatum es mucho mayor que la humanidad junta
en una sola, desde cualquier punto que se interprete; sea en fuerza,
mentalidad, energía, etcétera.
A
lo lejos, en una galaxia imperceptible por los mortales, donde termina nuestro
universo y comienza uno nuevo, siendo la estrella que da orden a un extenso
sistema planetario, está situado él, iluminando radiante y nervudamente. Con
gran intensidad, a diario se alimenta de radiación cósmica y se vale de los sentimientos
tortuosos que infunde en sus títeres para crecer. Cuando alcance un tamaño
colosal, al ser una estrella inusual, explotará en una supernova. Una explosión
tan desmesurada que parecerá una bomba universal; mas esto no ocasionará daños
físicos al espacio-tiempo. Al menos no durante los primeros años. Sus cenizas
se esparcirán por cada uno de los sectores del inmenso cosmos, quedando así en
cada parte del universo una porción de Stellatum, para después este llegar a
convertirse en el universo mismo. Lo que quiere decir que todos los habitantes,
vivirán en el crecido cuerpo de Stellatum. El espacio-tiempo pasará a entrelazarse
con dicho ser y se harán uno solo, por lo que, al vivir en Stellum, se vivirá
en la desgracia, la nostalgia, el sufrimiento y la desdicha. Esto afectará en
gran parte a los seres inferiores a él, de los cuales se valdrá para satisfacer
su ego y, en un acto irracional y soberbio, buscará a extenderse, sin poder dar
respuesta a la incógnita sobre el resultado al chocar con otros universos y llegar
a rebasar grandes límites. Un ser como él, llegando a tale niveles, lograría
dar fin al multiverso completo, ocasionando así la conclusión del mundo que los
antiguos dioses crearon y en el que yacen, incluyéndolo a él.
Quedan
muchos años para eso, no obstante, el crecimiento de Stellatum no se detiene.
Por el momento solo yace, orbitando a muchos cuerpos cósmicos. Desde su morada,
en la galaxia inimaginable se alimenta, desde su morada en el espacio-tiempo,
formando parte de las lejanas estrellas. El guiador de los planetas
fronterizos, el conocedor absoluto del pasado, allí se alimenta, esperando,
hasta el día en que su saber de antaño, le otorgue la expansión que provoque la
reducción de la quietud de los inferiores a él, quedando como el máximo
soberano del Todo.
FIN.

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